INCENDIOS CON HISTORIA

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Chile
El incendio del Portal de Sierra Bella
1869. 1 de junio
Incendio del Portal de Sierra Bella.

Ese primer día del junio se inauguraban las sesiones ordinarias del Congreso Nacional, y los debates de esa jornada política eran el tema de conversación en los cafés capitalinos porque, cual más cual menos, los oradores del parlamento eran diestros maestros en el uso de la palabra y todo el mundo opinaba respecto a lo que habían dicho. Y esa jornada había contado con el discurso presidencial de José Joaquín Pérez quien, tras ocho años de gobierno, a decir verdad, ya no entusiasmaba a nadie.
Además, estaba el tema del alcantarillado, con las más modernas y amplias técnicas para delinear, nivelar y abovedar las acequias de Santiago, obras iniciadas hacia poco tiempo, y que habíamos inaugurado solemnemente el año anterior. Tanto trabajo tenían a la ciudad conmocionada por las calles rotas y con las incomodidades de un tránsito bloqueado en importantes extensiones. Al menos, dentro de poco se podría contar con una higiénica red de agua potable, de alcantarillado y de los necesarios grifos para el trabajo de incendios.
Pero, esa noche, ocurrió algo que voy a tratar de relatar a partir de las informaciones y antecedentes que recogí.
Esta es, más o menos, la historia.

Aprovechando que no llovía y que la atmósfera estaba transparente, don Marcos Ortiz, dueño de una de las tiendas del gran Portal de Sierra Bella, había salido a caminar por la Plaza de Armas. Le inquieta ver el lugar tan destruido por los trabajos de alcantarillado, especialmente sabiendo que ha sido cortado el suministro de agua en el centro. También sabe que el edificio donde ha instalado su local se había quemado en parte en 1848, y las transformaciones realizadas no necesariamente habían significado una mejoría en su seguridad. Pero, el Portal de Sierra Bella era el lugar más importante de la capital, un punto seguro para vender y los riesgos a veces se sienten menos cuando las ganancias son rápidas.
Una descuidada mirada hacia la Sastrería Europea y una pequeña nube de humo le llama la atención. La indiferencia de hace unos instantes se convertía en pánico.
-¡Humo!
Casi corriendo llegaba hasta el lugar y a través de las rendijas de las puertas ve que el interior del local arde completamente. Y si hay fuego en esa tienda, puede haber fuego extendiéndose por todo el edificio. Y a gritos se dirige hacia el cuartel de bombas de calle Santo Domingo.
Al mirar hacia atrás, ve cómo surge una columna gigantesca de fuego que estalla por los mil espacios abiertos del gran edificio. El fuego inunda la construcción en segundos.

-¡Incendio!- grita por su parte el policía de turno esa noche en la plaza de armas, y como lo permiten sus piernas, corre también hasta el cuartel general de bomberos, a doscientos metros hacia el norte de la plaza y despierta al cuartelero general.
-¡Fuego en el portal de Sierra Bella!
Manuel Ortiz ha llegado también al cuartel y pide ayuda a gritos.
El cuartelero general no necesita ratificar la información. El cielo sobre la Plaza de Armas es del color del infierno. Dándose impulso y a largas zancadas, cruza los salones del segundo piso y sube a la torre construida por Fermín Vivaceta. Puede sentir el calor en el rostro, mientras se aferra al grueso cordel que acciona la paila, la campana de alarmas. Desde la altura privilegiada de la torre de los bomberos puede ver el portal de Sierra Bella coronado por el fuego, mientras millones de chispas surgidas de la inmensa columna de humo naranja se desprenden buscando un punto donde dar origen a un nuevo incendio.

-¡Incendio, Manuel!
Despertado por su esposa, el vicecomandante del cuerpo de bomberos, Manuel Domínguez, salta de la cama y se coloca lo más rápido que puede el uniforme de bombero, con su larga levita negra de miembro del directorio. La ciudad no es tan extensa como para demorar en el trayecto entre la casa de Domínguez, en pleno sector de San Lázaro, hasta alcanzar a la plaza de armas, convertida en una antorcha que ilumina a gran parte del centro. Manuel Domínguez se detiene, asombrado, al llegar a la primera cuadra de calle de Ahumada. Seis años atrás, una hoguera parecida a esta había causado dos mil víctimas en el templo de la Compañía de Jesús, y desde entonces, no se había visto una masa de fuego tan grande como ahora. Domínguez apresuró el paso. Al enfrentar la plaza se une al comandante del cuerpo Augusto Raymond, quien ya está rodeado por los secretarios de las compañías que sirven de oficiales de enlace; ahí están también los cornetas de órdenes y el estandarte que marca la ubicación del comandante de los bomberos.
La varonil estampa del oficial de origen francés domina el escenario iluminado por el fuego gigantesco.
-Buenas noches, comandante.
-Buenas noches, señor Domínguez. Le ruego que se haga cargo del trabajo del sector oriente del edificio.
-De inmediato, comandante.
-Ah, Manuel. ¡Y vea si consigue una maldita gota de agua!
Manuel Domínguez recién se da cuenta que los bomberos han trepado por las largas escalas hasta el techo, ventanas y arcos del gran edificio que cubre toda la cuadra y gritan desesperados por la falta de agua. Las acequias están cortadas, la plaza está llena de hoyos por los trabajos del alcantarillado y simplemente el centro de Santiago no tiene agua. Y la hoguera crece a cada momento que pasa.
Yo había llegado a los pocos minutos y subí por la larga escala que ha instalado la 1ª de Hachas, llevando el pitón fuertemente sujeto en mis manos. Tomé colocación en una de las ventanas de calle Ahumada. Un metro más abajo, mi compañero Ernesto Richard sostiene la pesada manguera. Ambos miramos con angustia hacia la calle, donde el teniente Munita nos hace el gesto de esperar. No hay agua.
Como verdaderas fieras, los capitanes de las compañías buscan las cañerías, las acequias más cercanas, y el poco caudal que entregan los pilones de la plaza no son suficientes para el trabajo de la bombas a vapor, de palancas y bombines. El caos es horroroso mientras la amplia explanada se va llenando de un público aterrorizado y embelesado que contempla la inmensa hoguera.
-Capitán Germain. Por aquí debe pasar la cañería de agua potable. Traiga apoyo de los de hachas y abra el suelo- indica el vicecomandante Domínguez, parado sobre un leve montículo de tierra.
El capitán de la Pompe France, Cesar Germain, da rápidas instrucciones a su lieutenant Gorlier y al sous-lieutenant Guérin, para dar cumplimiento a las órdenes del vicecomandante. Y en pocos minutos los bomberos, apoyados por los zapadores de la 2ª de Hachas, comienzan el trabajo urgente de abrir el suelo del gran terraplén y alcanzar el punto donde se extiende la amplia tubería en construcción. Bomberos de las otras compañías se unen a la titánica tarea hasta que finalmente, con gritos que anuncian victoria, surgen desde el suelo excavado las bóvedas y tubos que, a golpes de hacha, hacen saltar su poderoso caudal oculto. En uno de los pozos abiertos, y con el agua hasta la cintura, el teniente Tenderini de los Salvadores y Guardias de Propiedad sonríe entusiasta y palmotea el hombro de un muchacho ingresado el año anterior y que ya es secretario de la compañía.
-Bien hecho, joven Pedro Montt.
El italiano había ganado otra batalla en su vida.

Ahora, con agua en los pitones, el trabajo de las compañías puede comenzar en forma normal, solo que el fuego, libre de resistencias, ha coronado completamente el edificio desde la Calle Ahumada hasta la del Estado y sin obstáculos avanza hacia el sur para alcanzar la galería Bulnes, lo que convertiría toda la manzana en una hoguera incontrolable.
El fuego me da miedo. Es una sensación que me envuelve cuando lo veo crecer y destruirlo todo. Temo morir quemado. Y esa sensación me acompaña siempre durante los primeros minutos, cuando me siento débil frente a su grandiosidad, hasta que logro pensar en que yo seré el vencedor.

Richard y yo nos instalamos en el balcón y afirmándonos contra el marco de la ventana, sujetando el poderoso pitón. Ahora sí. El chorro penetra con fuerza en medio de la masa naranja y, a pesar del humo que sale a borbotones por el reducido espacio abierto, sonreímos alegres. ¡Ahora sí!
-La palancas ya está funcionando – grita Cirilo Cádiz, teniente 2º de la bomba Poniente, nervioso ante la inmensidad del incendio y sabiendo que muchos de los locales son arrendados por voluntarios de su misma compañía, y que a esta hora de la madrugada ya lo han perdido todo. Germán Cádiz ve su local, la Mercería del Gallo, envuelta en llamas. El teniente 1º, Manuel Zamora, observa impotente las llamas que avanzan hasta su tienda por calle Ahumada. Una mezcla de servicio, duelo y angustia personal se vive en gran parte de los voluntarios que en esos instantes luchan rabiosos contra el fuego incontrolado.
Escucho al teniente Zamora preguntar a Munita.
-¿Quiénes están en esa escala?
-Richards y Marcoleta, teniente.
-Bien, que no hagan locuras, señor Munita.
Los pitones de la 2ª compañía de bombas barren los baratillos que arden en el gran pasillo que une las esquinas de Ahumada y Estado. Por Ahumada ha armado la 1ª de bombas, la única compañía que en esos momentos cuenta con una máquina a vapor, la Ponkas, y su ensordecedor juego de pitos da aún más realce al constante movimientos de sus pistones y émbolos. Intenta contener la masa de fuego que avanza hacia el local del teniente tercerino Manuel Zamora. Por una de sus salidas, la bomba a vapor apoya a una línea de mangueras que alimenta a los nuevos bombines de la Pompe France, mientras la bomba a palancas de la 3ª ha logrado establecer una barrera de agua que intenta cortar el avance del fuego hacia el pasaje Bulnes.
-¡Lo he perdido todo!
-¡No tengo seguros!
-¡Mis cosas!
-¡Tenia el dinero en las cajas del local!
La escena es terrible, personas desesperadas que en medio del gentío intentan acercarse al incendio; dueños de locales, arrendatarios, gente que todo lo ha perdido, se mezcla con un público ávido de sensaciones, del morbo que atrae más poderosamente de lo que la prudencia puede permitir.
Los periodistas de El Ferrocarril son algunos de los muchos profesionales de los medios de prensa que están en esos momentos tomando nota de los locales siniestrados.
-¿Es cierto en el fuego se inició en la sastrería Europea?
-¿El señor Alfonso Blin es el dueño?
-¿Sabe usted, comandante, si se ha quemado la zapatería de Baldomero Cruz?
Las preguntas envuelven al comandante del Cuerpo de Bomberos que intenta vanamente sacarse de encima esta jauría de interrogadores. Sabe que el edificio arde completamente, pero no tiene aún los datos exactos de lo que se está quemando. Recuerda de memoria algunos de los nombres de los locales, pero prefiere guardar silencio. Llega Manuel Domínguez hasta su lado, con el rostro congestionado por el esfuerzo realizado hasta ese momento.
-Gracias, Manuel, gracias por conseguir agua.
-Usted me dijo consígame una gota de agua, pero parece que exageramos un poco.
Frente a ellos, los chorros refrescantes de veinte pitones caen como una cascada que se disuelve en medio del fuego. Pero poco a poco, con los escasos recursos que cuentan los bomberos de la capital, saben que van a encerrar las llamas y controlar finalmente el incendio.
-¡Teniente Zamora! ¡Manuel!
El oficial aludido se acerca al puesto de mando.
-¿Sí, señor?
-¿Qué ha sabido de su local, de la mercería…?
-La salvamos, señor. – Zamora sonríe más relajado. – Pero no tuvimos suerte con los locales que daban a la plaza de armas. Allí todo se ha perdido.
-Descanse un poco, teniente-. Y dirigiéndose al secretario de la 2ª de bombas, nuestro conocido Enrique MacIver, le pide que vaya a buscar al capitán de la 3ª compañía.

Manuel Domínguez admira profundamente al capitán Ramón Abasolo, un hombre que desde la fundación del Cuerpo no ha descansado un segundo, dejándolo todo para entregarse en cuerpo y alma a su compañía. En esos primeros días los dos eran tenientes. Abasolo ahora es capitán, pero durante los dos años anteriores ha sido el Comandante indiscutido del Cuerpo de Bomberos, y ahí le ve acercarse, calmadamente, con esa solemnidad que algunas personas, solo algunas, confieren a los cargos.
-A sus órdenes, señor comandante.
La barba cuidadosamente recortada, la casaca roja de puños y cuello negros, el grueso cinturón del que penden el hacha de incendio y la llave para desunir las mangueras, el casco de suela donde destaca la cucarda de cuero blanca y la placa de bronce en que se lee “capitán”. Ramón Abasolo es la imagen del bombero.
-Por favor, capitán, informe a esta comandancia de lo que está ocurriendo en su sector.
-En estos momentos las compañías han logrado detener el avance del fuego, cortando el paso en la galería Bulnes, que ha sido nuestra principal preocupación.
-El capitán Germain de la 4ª de bombas me ha informado que lograron salvar los edificios de la calle Ahumada por el frente. ¿Qué sabe usted de eso?
-Es verdad, señor. El fuego saltaba por sobre la calle intentando devorar los grandes edificios de la vereda poniente, pero logramos, junto con los voluntarios de la 1ª de bombas y la compañía francesa, apagar cada pequeño foco de fuego que nacía en esta lluvia terrible de chispas y carbones encendidos. Si me permite una reflexión – Ramón Abasolo hace un pequeño gesto con su rostro, entrecierra sus ojos pardos y sonríe, -parecía el volcán Vesubio intentando quemar la ciudad de Pompeya.
Domínguez no se ha sentido defraudado del informe de Abasolo, quien une a su alta capacidad técnica un buen nivel cultural.
-Como Pompeya, capitán. Esa es la imagen más precisa de este incendio.
-Si usted me lo permite, don Manuel, sería bueno a estas horas del amanecer dar descanso a algunas compañías para irlas rotando en el largo trabajo que nos espera.
Manuel Domínguez intenta replicarle a Ramón Abasolo, decirle que ya lo ha pensado, pero el tono ha sido tan de consejo, casi como una súplica, que prefiere asumirlo con la hidalguía que corresponde.
-Me parece una excelente idea, capitán. Se lo comentaré al señor Comandante.

Han sido horas de intenso trabajo y al acercarme a nuestra máquina veo, pegados a las varas de la bomba a palancas, a Lucas Molina, Francisco Bravo, Buenaventura Cádiz, Ramón Contador, Robustiano Molina y otros voluntarios, auxiliares y personas del público, que aún bombean sin descanso.
-¡Si quieren un respiro, háganse bomberos de hachas!
La broma surge de un grupo de voluntarios de la 1ª de Hachas y Escalas, que observa el movimiento duro y golpeador de las varas.
-Un día te voy a ver rogando para que te dejemos entrar en esta bomba, Federico Frías.
Robustiano Molina se acerca al grupo en que están Federico Frías y su hermano Daniel. Les une una larga amistad nacida precisamente en la 1ª de Hachas, en la que Molina había militado hasta julio del año anterior.
-¿Y, cuándo se van a cambiar a la Poniente?
-¿Cómo? ¿Acaso te has acostumbrado a ser bombero de agua?
-Ahora me tocó estar en las varas, pero hace un par de horas tenía uno de los pitones de bronce en mis manos, y esa sensación de poder, amigo mío, es muy difícil de explicar.
Para los hermanos Frías, argentinos de nacimiento y avecindados hacia ya muchos años en Santiago, la experiencia de ser bomberos había sido realmente impresionante. Federico, el mayor, había ingresado a la bomba en 1864, pocos meses después de la fundación de su unidad. Molina se había incorporado un año después, pero se había sentido atraído especialmente por el trabajo hidráulico, por la tecnología que significaba trabajar con bombas de palanca, o de la nueva bomba a vapor.
-¡Señor Molina, regrese a las varas!
La orden del teniente 3º Joaquín Munita no se hace esperar.
-Voy, teniente. Voy.
Observo un instante a Joaquín Munita. Es un hombre serio, agradable, y lleva todavía el dolor de haber perdido a sus hijas en el incendio de la iglesia de la Compañía.

Amanece en Santiago y la plaza, ya vacía de sus espectadores nocturnos, abre sus derruidas formas al nuevo público que inicia temprano sus jornadas. Las bombas y bombines no han descansado, mientras se cruzan como sonámbulos los agotados bomberos y los cientos de personas que han perdido sus fuentes de trabajo. El gigantesco edificio de dos altos pisos es ahora una masa informe de escombros humeantes y donde ha revivido el fuego una y otra vez, como una bestia que se resiste a morir. Solo su fachada norte se mantiene en pie, con mil ojos negros de sus ventanas quemadas.
Virtualmente botados junto a la bomba a palancas, Ezequiel Guevara, Ernesto Richard, Florencio Middletone y yo tratamos de descansar luego del agotador esfuerzo. El delgado Buenaventura Cádiz se cruza frente a nosotros, trasladando uno de los largos pitones de bronce hacia el carro.
-Tiene la boquilla trabada, teniente.
-Bien, déjala junto a esas mangueras rotas.
El teniente Munita contabiliza el material usado durante la noche, pero sigue faltándole uno de los baldes de cuero de dotación de la bomba y dos antorchas de bronce usadas durante el incendio.
-¿Le pido un favor, señor Cádiz? Regrese al lugar del incendio y trate de encontrar alguna de nuestras antorchas de bronce o uno de los baldes, y me los trae, por favor.
-Lo que usted diga, teniente.
Buenaventura Cádiz regresa al lugar del incendio, doblando por la esquina de Ahumada con la plaza de armas. El espectáculo es desolador, pero una extraña sensación de triunfo le invade a medida que camina. El cuerpo de bomberos ha cumplido recién cinco años de existencia, y con el escaso material con el que cuenta ha sido capaz de dominar un incendio que, antes de la existencia de los bomberos voluntarios, seguramente habría destruido gran parte de la ciudad.
Buenaventura Cádiz sonríe mientras divisa a los comandantes Raymond y Domínguez que se sirven unas tazas humeantes ofrecidas por unas hermosas señoritas de la sociedad.
“La ventaja de ser jefes”.

-¿Qué te ocurre, Manuel?
Domínguez se ha tendido en la cama, y se aprieta el pecho. El esfuerzo del incendio ha sido superior a su físico. Han sido años difíciles, y desde el primer día en que se fundara el cuerpo de bomberos había concurrido con todo su entusiasmo a prestar su colaboración. Y en esa primera reunión y bajo la severa mirada de José Luis Claro, había aceptado asumir como teniente 2º de la bomba Poniente. Pero el trabajo en su negocio y las permanentes actividades de la compañía le estaban agotando. Eran cinco años sin descanso. Y ahora era vicecomandante, con todo lo que ello significaba en tiempo y esfuerzo.
-Le voy a preparar una fusión de hierbas. Y prométame que va a renunciar a sus bomberos.

Manuel Domínguez sonríe a pesar del dolor. ¡Cuántas veces ha escuchado la misma frase! Había dejado el casco de suela sobre el velador, se había sacado el uniforme empapado en agua y oliente a barro, y finalmente se duerme.
Publicado por Antonio Márquez Allison en 20:20




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República de Santiago Centro
En uno de los pozos abiertos, y con el agua hasta la cintura, el teniente Tenderini de los Salvadores y Guardias de Propiedad sonríe entusiasta y palmotea el hombro de un muchacho ingresado el año anterior y que ya es secretario de la compañía.
-Bien hecho, joven Pedro Montt.
El italiano había ganado otra batalla en su vida.


Joven Pedro Montt.....quien con los años se convertiría en Presidente de La República y hasta el día de su muerte, que fue ejerciendo tan alto cargo, perteneció a las filas de la Sexta Compañía.
 

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EL PORTAL DE SIERRA BELLA. Por Don ISMAEL VALDES VERGARA

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El día 1° de Junio de 1869 transcurrió en Santiago en paz
octaviana, y retiróse el vecindario á sus casas después de
satisfecha la necesidad de comentar el discurso presidencial con
que en ese año se abrieron las sesiones del Congreso.
Unos cuantos minutos antes de la media noche, la gran campana
del Cuartel General de Bomberos hizo oir su voz tan sonora como
lúgubre, poniendo á toda la población en alarma, la que tomó
proporciones colosales cuando los resplandores de una gran
hoguera iluminaron á la ciudad.
Solamente habían transcurrido cinco años desde la catástrofe de la
Compañía, y en ese tiempo no se había vuelto a presenciar una
hoguera como la que nuevamente amenazaba á la ciudad en su
parte más central.
Los bomberos corren presurosos á sus cuarteles y conducen su
material al recinto amagado, con los bríos que despierta el
poderoso enemigo cuando se tiene la resolución de vencerlo.
El Comandante está ya en el campo de batalla eligiendo
posiciones y tomando todas las precauciones que la terrible
hoguera hace necesarias.
Los jefes de las compañías se disputan las mejores colocaciones
para rodear al enemigo y atacarlo en todos sus reductos.
El éxito depende exclusivamente de la prontitud con que se
consiga dirigir sobre la hoguera los primeros chorros de agua, por
medio de los cuales se ha de impedir el avance de las llamas.
Los bomberos de hachas y escaleras han asaltado ya el edificio
incendiado, y dominándolo desde las mayores alturas trabajan
esforzadamente en aislar la parte invadida por el fuego, del resto
de la manzana, abriendo brechas en la techumbre para impedir la
propagación de las llamas.
Pero el enemigo se hace a cada instante más fuerte, y no se
consigue arrojar una sola gota de agua. Cada segundo que
transcurre sin disponer de ese elemento, da mayor voracidad á la
hoguera y le permite aumentar impunemente sus estragos.
Pasan algunos minutos y en ninguna parte se ve surgir ni un solo
chorro de agua... Los bomberos van y vienen, corren de un punto
á otro y en ninguna parte encuentran el elemento salvador que ha
de permitirles conjurar el peligro.
No hay agua en ninguna de las acequias centrales... Todas ellas
han sido destruidas para reconstruirlas en conformidad al nuevo
plan de acueductos...
Los pilones de la Plaza, surtidos por la cañería de agua potable, se
agotan en corto tiempo y los bomberos quedan reducidos á la
impotencia.
La Plaza de Armas se hace más estrecha á cada momento para
contener a la multitud de gente que atraída por los ecos de las
campanas de alarma y por las rojizas llamas de la hoguera,
contempla con estupor el imponente espectáculo del gran
incendio que crece y crece, extendiéndose desde la calle
Ahumada hasta la del Estado, y amenazando propagarse á las
propiedades que ocupan el resto de la manzana hacia la calle de
Huérfanos.
Resuélvese al fin descubrir y romper la cañería de agua potable
para surtir á las bombas, y se consigue emprender el ataque en
buenas condiciones cuando todo el Portal es ya presa de las
llamas.
La 1a. Compañía de Bomberos, que posee la única bomba á
vapor, trabaja desesperadamente en la calle Ahumada a fin de
salvar el valioso almacen de Zamora, lo que se consigue después
de inauditos esfuerzos.
El Pasaje Bulnes (hoy Pasaje Matte) está en inminente peligro. A
cada momento aparece el fuego en los almacenes más inmediatos
á la hoguera, pero es sofocado por las Compañías que han sido
destinadas especialmente á salvar esa importante propiedad.
Después de muchas horas de trabajo incesante y fatigoso, el
Cuerpo de Bomberos logra conjurar el peligro de propagación del
fuego a los edificios colindantes con el Portal, y arrebata a la
hoguera importantes edificios y cuantiosos valores en
mercaderías.
Esa primera de las grandes jornadas que ha hecho el Cuerpo de
Bomberos, á pesar de las condiciones tan desfavorables en que
hubo de realizarla, le atrajo grandes simpatias y le despejó un
brillante horizonte para el porvenir.
Fué edificante para la población el espectáculo nunca visto en la
capital, de muchos cientos de hombres de todas edades y
condiciones, de los jóvenes más distinguidos y de los obreros más
cultos, rivalizando en el trabajo durante más de un dia y dando
ejemplo práctico de los deberes que impone la sociabilidad en
defensa de los Comunes intereses.
No se había presenciado todavía en la capital una prueba tan
resaltante de los beneficios que se podian esperar de la
Asociación de los hombres de buena voluntad para combatir los
incendios,
El Cuerpo de Bomberos fué objeto de las más entusiastas
manifestaciones.
La prensa aplaudió sin reservas los servicios que presto en ese
siniestro. El diario el Ferrocarril le consagró el artículo editorial
que insertamos más adelante.
Los propietarios beneficiados hicieron erogaciones
extraordinarias.
Los pormenores del incendio fueron narrados por la prensa en tos
términos siguientes, que copiamos del diario El ferrocarri1 de los
dias 2 y 3 de Junio de 1869:
«A las once tres cuartos de anoche se declaró el fuego en el portal
de Sierra Bella y produjo un voráz incendio y pérdidas
incalculables. El enemigo prendió en la Sastrería Europea de don
A. Blin, esquina de la calle Ahumada. Fué imposible contenerlo.
A la hora en que escribirnos, las tres de la mañana, se ha perdido
todo el portal de Sierra Bella y tiendas adyacentes y está
amenazando seriamente el portal de Bulnes. Por el lado de la calle
Ahumada, principió á quemarse la mercería de don Manuel
Zamora, pero ya el fuego va vencido y parece que no cundirá por
este lado. Sin embargo, el peligro es inmenso si el pasaje Bulnes
es tomado por el enemigo. Las bombas trabajan con actividad, y
las llamas suben á una altura sorprendente.
A consecuencia del trabajo de nivelación de las acequias, no había
agua en la plaza en los primeros momentos, hasta que á costa de
gran trabajó y diligencias se pudo conseguir el agua potable que
surte los pilones para que los bomberos pudieran hacer eficaces
sus servicios. He aquí una lista de algunas de las tiendas
incendiadas, que por el instante recordamos:
Frente a la Plaza.
Sastrería Europea de don Alfonso Blin.
Zapatería de don Baldomero Cruz.
El anticuario de don Gabriel Cueto.
Una peluquería.
Tienda don Márcos Ortíz.
El Casino del Portal.
Una tienda de tripes de don Bonifacio Ormeño.
Sastrería de Pigatti.
Almacen de música de don Juan Krausse,
Tienda de don Juan A. Martínez.
Tienda de don Alejandro Abasolo.
Una tienda de sederías de don José María Anrique.
Tienda de don Calixto López.
Una tienda de cuadros al óleo.
Tienda de don Estévan García.
Y como veinte baratillos, todos muy bien surtidos.
Por la ca//e Ahumada:
Tienda de modas de señoras.
Mercería del Gallo, de don G. Cádiz.
Es de advertir que esta lista es una pequeña nómina de las tiendas
y almacenes incendiados y que por consiguiente faltan muchos
otros de que dar cuenta.
Lo salvado del voraz elemento es sumamente insignificante:
puede decirse con toda seguridad que las tiendas, almacenes y
baratillos se han quemado á puerta cerrada. Igual cosa ha
sucedido con las veinte ó más habitaciones que existían en los
altos.
Fué tal la rapidez del fuego que muchos comerciantes no han
tenido tiempo ni para sacar el dinero que tenían en los cajones.
Los esfuerzos de bomberos y paisanos se dirigieron
exclusivamente á combatir el voraz elemento.
En vista de este horroroso incendio que ha reducido á la mayor
miseria á muchos comerciantes honrados, que hacían sus
negocios por menor, don Alejandro Abasolo se ha dirigido á esta
imprenta para advertir el bien tan grande que haría el vecindario
de esta ciudad, haciendo una suscripción para proporcionar
medios de trabajo á tanta persona que ha quedado en la
indigencia.
Al efecto, el mismo señor Abasolo encabeza la Suscripción con la
cantidad de 400 pesos.
Como no dudamos que este llamamiento tendrá una buena
aceptación, avisamos que la suscripción se recibe en la calle del
Estado, frente al Hotel Inglés, á donde ha trasladado su tienda el
señor Abasolo.
A las tres y media de la mañana el fuego parece que ha cesado en
todos los lugares amagados, después de haber causado daños de
poca consideración en el pasaje Bulnes, por el lado de la plaza.»
En el número del dia 3 de Junio agregaba El Ferrocarríl:
«La plaza principal ofrecía anoche un penoso y tristísimo
espectáculo: el hermoso portal de Sierra Bella se encontraba

reducido a escombros en toda su extensión, sin que ninguno de
sus departamentos hubiera escapado de tan general y desastrosa
ruina. No se le podía contemplar sin un sentimiento de profunda
tristeza, pues allí se comprendía el dolor de innumerables familias
sumidas de improviso en la miseria.
Aún no se ha podido averiguar la causa de tan terrible siniestro,
pues lo más que se sabe es que principió el fuego por la Sastrería
Europea, á las once y media de la noche. A esa hora se encontraba
en la plaza don Marcos Ortiz, dueño de una de las tiendas que se
quemaron completamente. Habiendo notado que salía humo de la
sastrería mencionada, corrió al cuartel de bomberos y trajo una
bomba con la que, ayudado de otros, intentó sofocar el fuego.
Desgraciadamente, tan pronto como se abrió la puerta el fuego
tomó un incremento extraordinario, derramándose en todas
direcciones con espantosa voracidad. Viendo su impotencia para
vencer el peligro, el señor Ortiz volvió al cuartel para tomar una
hacha con que abrir la puerta de su tienda; sin embargo, a su
regreso le fué ya imposible trabajar en ella, por que las llamas lo
habían invadido todo.
Los concurrentes al teatro, que se retiraban en ese momento,
acudieron presurosos á prestar auxilio, y las compañías de
bomberos no se hicieron aguardar. No obstante, todos los
esfuerzos fueron inútiles, tanto por la voracidad del incendio
como por la falta de agua con que se tropezó en la primera hora y
que impidió completamente todo auxilio. Fué preciso cortar la
cañería matriz del agua potable para proporcionarse ese
indispensable elemento. Lo más que se había podido hacer ántes
era situar el bombín del pasaje Bulnes en el interior de este
edificio para refrescar su enmaderación, operación que surtió
excelente efecto, pues se puede decir que salvó esa valiosa
propiedad.
En esos momentos el incendio presentaba un espectáculo
imponente, casi aterrador. Una inmensa lengua de fuego se
extendía por todo el portal, agitándose violentamente por las
poderosas corrientes de aire que ponían en movimiento y
empujaban el fuego. La llama se volvía en todas direcciones y
salía de una puerta para penetrar por otra como si hubiera tenido
una especie de instinto fatal que la llevaba á consumar la ruina. Se
echaba sobre los baratillos y en un instante los convertía en brasas
Azotaba las columnas, bramaba con eco tremebundo, y subía en
inmensas espirales hasta desvanecerse en el aire para ser
reemplazada al instante por otras no menos terribles y
devoradoras.
Este espectáculo conmovedor era presenciado por una
concurrencia inmensa de toda clase de personas que habían
acudido de todos los barrios de la ciudad. Entre ellas se podía
notar el dolor, la desesperación, las lágrimas de los infelices que
quedaban sin pan y que veían consumirse su único patrimonio sin
poder hacer nada para salvarlo.
Mientras tanto los bomberos trabajaban con un arrojo digno del
mayor encomio, á pesar de que veían la impotencia de sus
esfuerzos desesperados. Siendo imposible salvar ya nada del
portal de Sierra Bella, reconcentraron sus trabajos en el portal de
Bulnes, amenazado inminentemente y que parecía imposible
preservar, felizmente se logró ese importante objeto, pues el fuego
se separó al llegar á la puerta del pasage para continuar su
devastadora acción en el lado opuesto.
Aquello parecía un milagro, esto es, lo inverosímil, lo imposible.
Se veía y no se le podía dar crédito. A cada instante creía uno ver
convertida en una inmensa hoguera la hermosa propiedad de los
señores Mac Clure y Ca.
Merced a tales esfuerzos se pudo al fin dominar el fuego y salvar
las propiedades vecinas. Sin embargo, en estas se sufrió también
bastante, porque fué necesario desocuparlas de sus mercaderías
con gran deterioro de la mayor parte de ellas.
Una pequeña parte de lo incendiado se hallaba asegurado.»
De la actitud del Cuerpo de Bomberos en ese desastroso incendio,
da elocuente testimonio el artículo editorial en que se encomió el
trabajo valiente y abnegado de todos los miembros de la
asociación, cuyos esfuerzos no pudieron arrancar de las llamas los
valiosos intereses destruídos, a causa de circunstancias
enteramente estrañas á la acción de los jefes y voluntarios.
Todos trabajaron con igual energía y todos desafiaron los peligros
de la jornada sin reparar en la inutilidad de sus esfuerzos para
procurarse el agua en los primeros momentos, cuando habría sido
posible contener y dominar el fuego.
Con todo, se debió exclusivamente al Cuerpo de Bomberos la
salvación del Pasage y la de todas las propiedades y casas de
comercio que ocupaban el resto de la manzana.
El editorial de El Ferrocarril á que hemos aludido, decía:
« La dolorosa y terrible catástrofe de que la capital ha sido teatro
antenoche, ha sido también un espléndido triunfo para la
abnegación, constancia y denuedo desplegados por el heróico
Cuerpo de Bomberos.
Los valientes defensores de la propiedad ocurrieron con presteza
y oportunidad al lugar del siniestro y sin duda que sus servicios
habrían sido compensados con mayor éxito, si causas
independientes de su voluntad no les hubieran impedido
maniobrar desde luego.
Mientras demoró el agua para dar movimiento á las bombas, los
bomberos consagraron sus esfuerzos á aislar el incendio, cortando
los edificios en diferentes direcciones. Tanto en esta tarea como
en la de combatir el fuego, todas las Compañías desplegaron una
noble emulación.
Después de haber trabajado sin interrupción durante toda la
noche, hasta dominar el voraz elemento que amenazaba tomar
proporciones más gigantescas, todo el día de ayer lo emplearon en
extinguir el fuego de los escombros que; por momentos producían
sérias alarmas.
Es preciso contemplar esta heróica lucha de nuestra juventud,
arrostrando denodada y alegre los más graves peligros, para
formarse una idea cabal de su valentía, abnegación y noble
desempeño. Cuanto se diga en su elogio es un merecido homenaje
de extricta justicia
El Cuerpo de Bomberos, cuya brillante hoja de servicios es un
timbre de honor para la capital, se ha hecho una vez más acreedor
al reconocimiento y admiración del vecindario. Cuando se vé el
celo y entusiasmo que desplegan para llenar su filantrópica
misión, el amor propio nacional se siente orgulloso de poseer en
su seno una institución tan benéfica servida por tan intrépidos
defensores de la propiedad.
Nos es grato hacernos intérpretes del sentimiento público dando
un voto de gracias al Cuerpo de Bomberos por su terrible y
hermosa campaña de antenoche. Sin los prodigios de su
abnegación y heroismo, los estragos del incendio habrían sido de
mayores y más fatales consecuencias.
El centro más bello y más valioso del comercio habría quedado
reducido á escombros como el portal de Sierra Bella, sin la
inteligente y oportuna dirección dada á los trabajos. Se atacó al
voraz elemento por todos extremos, estrechándolo en un circulo
de agua inespugnable y quitándole toda comunicación, hasta
reducirlo á la impotencia. Tanto más difícil era esta tarea, cuanto
que por todas partes habían sobrados elementos de conflagración.
La reciente heróica campaña del Cuerpo de Bomberos, no solo
honra el mérito individual de cada uno de sus miembros, sino
también la previsora dirección y el plan de ataque empleados
contra tan terrible enemigo. Honor, mil veces honor á los
invencibles defensores de la propiedad.»



http://www.cbsantiago.cl/documentos/CBS_Ismael_Valdes.pdf
 

sebafireman6

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Tremendo aporte, se agradece compartir con nosotros este documento historico que reseña al "Joven Pedro Montt" entre otros grandes bomberos que pasaron por las filas del CBS


saludos
 

bluebird3

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VALPARAISO CERRO LA CRUZ 2008



El incendio forestal del 14 de enero del 2008, que comenzó en el cerro La Cruz del puerto, destruyó 20 hectáreas de bosque nativo, y se propagó rapidamente al sector poblacional de El Vergel, arrasando decenas de viviendas y automóviles.

La tragedia dejó también 4 muertos y más de 50 heridos (pobladores, bomberos, un carabinero y un periodista).
Entre los fallecidos estuvo el bombero de la 4° Compañía de Bomberos de Valparaíso, voluntario Gabriel Lara.

Dos heridos graves y 28 lesionados deja gigantesco incendio en Valparaíso

(Diario El Mercurio, 14 de enero de 2008)

Las autoridades decretaron alerta roja, lo que permite movilizar, además de bomberos, a otros servicios públicos, entre ellos las Fuerzas Armadas para contribuir al combate de las llamas.

Al menos diez personas resultaron heridas, dos de ellas de gravedad, debido a un incendio de proporciones ocurrido esta tarde en el cerro La Cruz de Valparaíso.

El incendio comenzó en el cerro La Cruz, en 20 hectáreas de bosque nativo. Éste se propagó rapidamente a sectores poblacionales de El Vergel y arrasó con decenas de viviendas.

La víctima más grave es el bombero Gabriel Lara, quien tiene un 95% de su cuerpo quemado, se encuentra con peligro de muerte en el hospital Carlos Van Buren y será trasladado posiblemente al IST.

También ingresaron a la posta otras tres mujeres. Patricia Valenzuela Salazar tiene el 90% de su cuerpo quemado, su hermana Luz Valenzuela, el 25%, y Nélida Gonzalez el 30%. Las víctimas fueron sacadas por bomberos de las viviendas afectadas.

Un camarógrafo de TVN identificado como Alberto Neuman sufrió quemaduras de carácter menos grave en sus antebrazos, en tanto que un motorista de Carabineros, Sergio Quezada Sánchez, también ha sido reportado como lesionado de mediana gravedad por intoxicación de dióxido de carbono y fue derivado al Hospital Naval.

En el hospital Carlos Van Buren han sido atendidos hasta ahora 28 personas, tanto por quemaduras como por intoxicación de dióxido de carbono.

Las autoridades decretaron alerta roja, lo que permite movilizar a otros servicios públicos, entre ellos las Fuerzas Armadas para contribuir tanto al combate al incendio como al desalojo de las personas.

TRAGEDIA EN EL CERRO LA CRUZ, Valparaiso, Chile

(15/01/2008, www.bomberosdelmundo.bligoo.com, de www.bomberosvalpo.cl)

Bomberos, Carabinero y Civiles lesionados gravemente; alrededor de 334 personas damnificadas entre adultos y niños; y más de 70 casas incendiadas fueron las consecuencias del incendio que se produjo ayer lunes 14 de enero en el Cerro La Cruz.

Alrededor de las 16 horas, Bomberos Valparaíso es despachado a una emergencia de tipo forestal a la calle El Vergel del Cerro La Cruz, a la altura del paradero nº 9, una vez en el lugar y de acuerdo a las características del incendio, la emergencia fue declarada, avanzando la totalidad de las compañías del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso al mando del Comandante Enzo Gagliardo Leiva. Posteriormente y debido a la envergadura del siniestro se contó con el apoyo del Cuerpo de Bomberos Viña del Mar a cargo del señor Tercer Comandante y las unidades 12 – 22 – 42 - 72, con un total de 27 bomberos. Además, de la colaboración de tres cisternas de Esval y 3 cisternas municipales, debido a problemas de abastecimiento de agua en los grifos del sector.

El incendio destruyó casas-habitación en las zonas afectas que comprende el tramo desde la altura del nº 499 al paradero nº 13 de la calle el Vergel y pasaje nº 2 cuyas consecuencias fue 70 casas quemadas por acción del fuego, 204 adultos y 130 menores damnificados. En el sector se habilitó alberges por parte del municipio porteño, tal fue el caso de la Escuela España, ubicada en calle Dos con Av. Alemania.

Bomberos Lesionados:

Con mucho pesar nuestra Institución, sufre por las lesiones que afectaron a sus mienbros que hoy se encuentran gravemente heridos y hospitalizados. Como es el caso de nuestro Voluntario Activo de la 4ª compañía don Gabriel Antonio Lara Espinoza de 23 años. Quién actualmente esta internado en la UCI Hospital Clínico del IST de Viña del Mar.

El voluntario Lara fue uno de los primeros en llegar al lugar de la emergencia, su Misión principal fue salvar Vidas y Bienes, sin embargo, y muy lamentablemente fue afectado por la acción del fuego sufriendo quemaduras de carácter graves en su cuerpo y vía aérea. Una vez rescatado fue trasladado por un vehículo institucional de bomberos al Hospital Carlos Van Buren para su estabilización. Posteriormente, fue derivado a la Unidad de Cuidados Intensivos del Instituto de Seguridad del Trabajo en donde actualmente se encuentra hospitalizado; en ambos casos fue escoltado por radiopatrullas y motoristas de Carabineros de Chile, a quienes agradecemos profundamente el apoyo prestado.

En el IST de Viña del Mar, el Voluntario G. Lara, fue visitado por el Superintendente del CBV Erasmo Olivares Ojeda. Junto con él, se apersonaron autoridades Civiles, Militares, Eclesiásticas y Bomberiles para prestar todo el apoyo posible y necesario para que nuestro voluntario se recupere. Tal es el caso, de la visita del señor Gobernador Regional Ricardo Bravo, acompañado con el Subsecretario del Interior Felipe Harboe en representación de la Presidencia, la visita del señor Alcalde de Valparaíso Aldo Cornejo, la visita del señor General de Carabineros de Chile Jaime Vasconcelos A. quién puso a disposición de Bomberos un Helicóptero para un eventual traslado del voluntario quemado a Santiago, la visita de representantes de la Policía de Investigaciones de Chile, la visita del señor Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar Jorge Zavala acompañado del Vicesuperintendente, la visita del Sacerdote Pedro Nahuelcura de la 8ª compañía del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar.

Posteriormente, en el cuartel de la 4ª compañía se efectuó una oración para pedir por la recuperación del Voluntario G. Lara, en ella participaron los capellanes del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso Gregorio Vásquez y Leonardo Fernández, junto con el padre del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar Nahuelcura. En la ocasión, intervino el señor Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso Erasmo Olivares, el Director de la 4ª compañía Juan Carlos Zapata, y el señor Intendente Regional don Iván de La Maza. Además, estuvieron presentes el señor Gobernador Provincial Ricardo Bravo, Oficiales generales del CB Valparaíso, Oficiales Generales del Cuerpo de Bomberos Viña del Mar junto con la presencia de la 7ª compañía, y compañías 4ª, 7ª y 5ª de Valparaíso, amigos y familiares.

El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, reconoce en el Voluntario Gabriel Lara un hombre entusiasta, entregado a la causa bomberil, sin duda alguna quienes hoy mas sufren su grave accidente es su familia a quienes le entregamos nuestro irrestricto apoyo, como asimismo a su 4ª compañía “Manuel Blanco Encalada” representada por su Director Juan Carlos Zapata.

También, entregamos nuestro irrestricto apoyo al Voluntario de la 12ª compañía Cristian Eduardo Carneiro Verdugo, quién sufrió fractura de la 2ª cervical no desplazada y se encuentra internado en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso, en donde está siendo evaluado para una intervención quirúrgica y a todos los efectivos bomberiles lesionados

Del mismo modo, lamentamos y entregamos todo nuestro apoyo para una pronta recuperación al Cabo 1º de Carabineros de Chile Sergio Quezada Sánchez de dotación de la Tercera Comisaría Norte, quién resultado con principio de asfixia y quemaduras y se encuentra Hospitalizado en el Hospital Naval de Viña del Mar y a los civiles que se lesionaron gravemente, como consecuencia de esta tragedia.

Listado de Voluntarios lesionados, atendidos en el Hospital del Instituto de Seguridad del Trabajo y Carlos Van Buren de Viña del Mar y Valparaíso, respectivamente.

-Gabriel Antonio Lara Espinoza 4ª compañía. Quemaduras graves, piel y vía aérea, hospitalizado en la UCI del IST de Viña del Mar.

-Cristian Eduardo Carneiro Verdugo 12ª compañía. Fractura de 2ª Cervical, no desplazada, internado en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso.

-Leonardo Muñoz Quiñones 4ª compañía. Esquince pulgar Izquierdo.

-Patricio Videla Espinoza 2ª compañía, Contusión Muñeca izquierda.

-Cuartelero 12ª compañía, Francisco Puyol Sepúlveda, Contusión codo Izquierdo.

-Luís González Contreras, 11ª compañía, Distensión muscular hombro izquierdo.

-Billy Venegas Gil, 12ª compañía, Intoxicación por humo.

-Jorge Oyarzo Salinas, 12ª compañía, Intoxicación por humo.

-Erick Castillo Jelvez, 11ª compañía, Intoxicación por humo.

-Felipe Sarro Figueroa, 11ª compañía, Intoxicación por humo.

-Emilio Oyarzún Barra, 5ª compañía, Intoxicación por Humo.

-Jorge Vargas Yánez, 4ª compañía, Lesión ocular.

-Ramón González Ramírez, 5ª compañía, Lesión Ocular.

-Francisco Carneiro González, 12ª compañía, Lesión Ocular.

-Eduardo Novoa Roldan, 12ª compañía, Lesión Ocular.

-Jhon Macaya Guerra, 12ª compañía, Conjuntivitis Química.

En resumen, a esta Emergencia avanzaron las compañías 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª, 7ª, 8ª, 10ª, 11ª, 12ª, 13ª y 15ª. con 18 carros de bombas y un total de 210 bomberos, quienes trabajaron durante toda la noche. Sin embargo, este lamentable día, no fue sólo tragedia para el Cerro la Cruz, sino que también a eso de las 20:58 horas se declara una emergencia estructural (X1) en el cerro Esperanza de Valparaíso, en Av. 21 de Mayo nº 2030, avanzando las compañías 14ª, 15ª, 4ª y 13ª al mando del Tercer Comandante don José Lues Carrandi.

El Cuerpo de Bomberos Valparaíso, agradece a todos quienes han manifestado su apoyo, en la pronta recuperación de sus voluntarios heridos; sólo el paso del tiempo dejará atrás este momento triste y lamentable. (15 Enero 2008)



FALLECE VOLUNTARIO DE LA CUARTA COMPAÑIA, GABRIEL LARA ESPINOZA, LUEGO DE 5 DIAS DE AGONIA

Escenas de mucho dolor se expresaban en la madrugada del día Domingo 20 de Enero en el IST de Viña del Mar. Fallecía el Mártir N°68 de la Institución, el voluntario de la Cuarta Compañía de Bomberos de Valparaíso Bomba "Almirante Manuel Blanco Encalada" Don Gabriel Antonio Lara Espinoza luego de haber tenido 5 largos días de agonía, pero con mucha esperanza y fé de cientos e amigos, conocidos y compañeros de Bomba de Gabriel, los cuales expresamos nuestras esperanzas de una pronta recuperacion con cadenas de oraciones en el cuartel de la Cuarta Compañía.

A eso de las 01:40hrs recibiamos la confirmación de su desenlace. A las 02:45hrs la Comandancia decreta Clave 7 (Acuartelamiento) para reunir voluntarios en sus respectivas compañías. A las 03:40 se da la orden a las unidades de concurrir con uniforme de trabajo hasta el IST de Viña del Mar, para luego ser escoltado el cortejo hasta el Cuartel General ubicado en Plaza Sotomayor.

Nuestra Unidad 61 concurría con una dotacion de 5 Voluntarios mas el Ayudante, para darle un merecido Adíos por parte de los que fueron sus compañeros de varias emergencias en horario de Guardia Nocturna mientras estuvo con vida.

Gabriel Antonio Lara Espinoza...Descana en paz Amigo.



Senado rindió un homenaje al bombero mártir Gabriel Lara Espinoza

Con un minuto de silencio el Senado rindió un sentido homenaje al 67° bombero mártir de la institución, Gabriel Antonio Lara Espinoza, quien falleció víctima de las graves quemaduras que sufrió en el 70% de su cuerpo mientras cumplía su deber, en el incendio que ya ha cobrado dos vidas y que destruyó varias viviendas de Cerro La Cruz, en Valparaíso Por decisión de los Comités de la Cámara Alta, donde están representadas todas las bancadas parlamentarias, el Senado se sumó al duelo de la familia del joven voluntario de 25 años, que pertenecía a la Cuarta Compañía de Valparaíso.

Los masivos funerales del bombero mártir se realizaron ayer, en la Plaza Sotomayor del puerto, con la presencia de familiares, autoridades, regionales y comunales y también de los voluntarios de todas las compañías porteñas con sus trajes de gala.

Posteriormente, el cortejo fúnebre se trasladó solemnemente al Cementerio N°1 de Valparaíso donde se encuentra el mausoleo institucional. El pasado lunes 14 de enero, Gabriel Lara intentaba socorrer a una familia atrapada en una vivienda ubicada en una ladera del sector siniestrado cuando fue alcanzado por una lengua de fuego.

Pese a que fue traslado de urgencia al IST de Viña del Mar, tras seis días de agonía el joven falleció. Su muerte se suma a la de la vecina de la calle El Vergel, del Cerro La Cruz Patricia Valenzuela, quien resultó gravemente quemada cuando intentaba socorrer a una vecina cuya hija pequeña tiene serios problemas de parálisis y es atendida en la Teletón.

Por otra parte, en la hora de incidentes, el senador Jorge Arancibia, también rindió un homenaje a ambas víctimas quienes dieron su vida tratando de salvar la de otros.



http://chile-catastrofes-tragedias.blogspot.com/2010/07/incendio-valparaiso-14-de-enero-del.html
 

bluebird3

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PALACIO DE GOBIERNO CHIHUAHUA, MEXICO


El Palacio de Gobierno de Chihuahua, Joya de Incalculable Valor
El Heraldo de Chihuahua
10 de noviembre de 2011

Por: Oscar A. Viramontes Olivas



Después de haber hablado de los antecedentes del Palacio de Gobierno, una joya de incalculable valor, nos adentramos a un acontecimiento que impacto a la vida de todos los chihuahuenses, un incendio provocado o generado por un posible corto circuito, se presenta en esta segunda parte de Crónicas Urbanas. Y todo comienza el sábado 22 de junio de 1941, caminábamos por la calle Aldama y el reloj marcaba las 16:00 horas, cuando vimos a lo lejos una fumarola bastante densa. Le dije a Totón y Tolis (primo y hermano, respectivamente): "Vamos a ver qué está pasando". Fuimos como "bólidos" al lugar de los hechos. "¡Miren, miren!, se quema el Palacio de Gobierno!" -decía Tolis- al momento que se percibía un ambiente bastante tétrico que como reguero de pólvora empezó a cundir el incendio que devoraba la mitad del antiguo inmueble. Todos sorprendidos nos mirábamos ante la multitud que empezaba a llegar para presenciar el siniestro.

Las llamas estaban consumiendo la mitad del Palacio de Gobierno (en aquel entonces de dos pisos). Por todos los departamentos se extendía con grandes lengüetas de fuego que dominaban el momento y gracias a las precarias medidas de seguridad, las llamas caminaban como "almas descarriadas" destruyendo todo a su paso. Los bomberos, todavía no aparecían en la escena violenta y todos anonadados mirábamos con tristeza como se iba consumiendo nuestro querido palacio. El siniestro se inició en el departamento de archivo en la planta baja de Palacio, ubicado en la avenida Vicente Guerrero y calle Libertad. A lo lejos, estaba Manuel López Dávila, conocido profesor que se encontraba al momento del siniestro cortándose el cabello en la peluquería Excélsior con el conocido y famoso don Triny, frente a Palacio, el cual, según nos contó, que cuando vio que estaba saliendo lumbre del antiguo edificio, se quitó la bata de inmediato, se dirigió al teléfono y marcó asustado al Departamento de Bomberos que al cabo de unos minutos llegaron con extintores en mano, más al darse cuenta de la magnitud del incendio, trataron de conectar las mangueras a las tomas callejeras, pero éstas, se encontraban en un estado lamentable. Parecían regaderas ya que por todos lados tenían agujeros y cuando el agua llegaba al final de la misma, solo aparecía un "chorrito" por lo que las llamas se "mofaban" de los pobres bomberos que veían con terror y frustración que la batalla estaba perdida.

Como "alma que lleva el diablo", llegaban corriendo y de manera violenta algunos burócratas que trabajaban en Palacio, sentían que todo estaba consumando, que sus pertenencias estaban destruidas.

Ahí, se encontraba Humberto Escobar, Oficial Mayor, Don Tomás Valles, Tesorero General del Estado y numerosos diputados quienes se apresuraron como cualquier peón a prestar ayuda para salvar lo único que se pudiera tener al alcance de la mano, pues la entrada a las oficinas era completamente imposible debido a la gran cantidad de humo que las invadía y el fuego que avanzaba con rapidez asombrosa. Era un pequeño ejército de gente que trataba de auxiliar a las labores de extinción, pero la enorme llamarada impedía que la gente se acercara al edificio.

Era una desesperación de parte de las autoridades que no podían hacer mucho por sofocar el incendio; el comandante Salvador Cobos, Jefe de Bomberos de la ciudad de Chihuahua, sentía una profunda impotencia al ver que todo esfuerzo era inútil, pues no se tenían los medios suficientes para combatir el fuego, por lo que se optó por llamar de inmediato a los bomberos de la comunidad de Ávalos, Chihuahua a unos cuantos kilómetros al sur de la Capital: "Habla el Jefe de Bomberos, Salvador Cobos de Chihuahua, ¿Con quién hablo? ¿Es la fundición?"-respondieron de Ávalos- "Sí, está hablando a la American Smelting de Avalos, ¿qué se ofrece, jefe?" -Cobos respondió- "Por favor, necesitamos que nos auxilien acá en Chihuahua, pues se ha desatado un fuerte incendio en el Palacio de Gobierno y necesitamos la urgente cooperación de ustedes"-respondieron- "De inmediato vamos a mandar todo el equipo y personal que tengamos disponibles para auxiliarlos". Rápidamente, salieron de la estación de Ávalos; las sirenas lloraban por toda la carretera anunciando la terrible situación en Chihuahua; las campanas y el estruendo de las máquinas "traga humos" se hacían notar.

A los pocos minutos, llegó el equipo de aquel lugar para auxiliar a los bomberos de Chihuahua. Todo se veía muy feo, teníamos mucho temor de estar viendo la forma tan impresionante como el incendio eliminaba todo lo que estaba a su paso.

Pero con todo y las bomberas, se vino otro problema más fuerte que sacó de balance a los "tragahumos". El colmo de los colmos, las mangueras y la máquina de extinción eran de embocadura más pequeña que las que se usaban en la ciudad de Chihuahua, por lo que tuvieron que regresar violentamente para Ávalos para buscar mangueras de entre sus existencias, mangueras más gruesas, llegando de vuelta con ellas a las 18:15 horas, es decir casi dos horas después Palacio.

En vista de la inutilidad de los bomberos, se acordó derrumbar parte del edificio con dinamita, con el fin de centralizar el fuego y así combatirlo en la parte donde todavía el incendio estaba en su apogeo. Oficialmente, el terrible siniestro, se inició en el departamento de Archivo, y como era sábado, todas las oficinas permanecían cerradas quedando destruidas todas las dependencias del Ejecutivo en la parte alta, pues lo que no acabó el fuego, quedó destruido por la acción del agua o porque se le arrojó desde los balcones pudiendo decirse que únicamente las maquinas se salvaron ya que el mobiliario y los archivos se perdieron casi en su totalidad, resultando afectada por el fuego la Tesorería General, Catastro, Correspondencia, Procuraduría de Justicia, Oficialía Mayor del Congreso, Recinto Parlamentario y la Contaduría Mayor de Hacienda.

En cuanto a las dependencias del Poder Judicial como el Tribunal de Justicia, no sufrieron absolutamente nada de daños. También se vieron afectados por los destrozos, pero no por el fuego, las oficinas de Registro Público de la Propiedad, Obras Públicas, Agricultura y Ganadería, Proveeduría, Asuntos Indígenas, Policía Judicial y Almacén de la Proveeduría, así como la Junta Central de Conciliación y Arbitraje.

Dentro del desorden y desbarajuste que imperó en los diversos departamentos del Gobierno del Estado en los momentos del incendio, el Jefe del Registro Público de la Propiedad, Francisco Figueroa, con meritoria calma, hizo sacar toda la documentación a su cargo que se consideraba de un valor incalculable ya que encerraba el archivo de la propiedad, llevándola a depositar a un lugar más seguro.

El fuego pudo ser controlado como a las 19:00 horas, pues ya después la acción de los bomberos se concretó a centralizarlo en tres o cuatro oficinas, luchando en esta forma hasta la media noche, en que los "traga humos" trabajaron desesperadamente.

Para el 15 de septiembre de 1941, el palacio de Gobierno iba cumplir cincuenta años de existencia. La construcción del edificio desde sus inicios estuvo a cargo del ingeniero Enrique Esperón al comienzo del Gobierno de Don Luis Terrazas, terminándolo el gobernador Lauro Carrillo, tocándole además, inaugurarlo con una gran ceremonia el 15 de septiembre de 1891, con la pena de que el edifico no estaba asegurado desde su construcción hasta la última hora del incendio.

Volviendo a la parte dramática y apoyando en las labores de remoción de escombros, los elementos de la Quina Zona Militar presentaron un valioso salvamento al mobiliario, pues el propio señor general Baltasar Leyva Mancilla, miembro del Estado Mayor y varios elementos del 33 batallón se mostraron muy activos en esta obra, así como la cooperación de la Policía Municipal con toda la eficiencia pues impidieron las raterías y los desórdenes.

La Bandera Nacional que se encontraba izada en el asta que está en la calle Libertad estuvo a punto de quedar reducida a cenizas por el fuego, pero el subteniente Oscar García T. del 33 Batallón, desafiando el peligro, se subió violentamente a la parte alta del Palacio de Gobierno y quitó la bandera poniéndola a salvo, mostrando que las fuerzas armadas tienen un gran amor por los símbolos patrios.

Después de todo el desorden, empezaron algunos derrumbes, indicando las autoridades que varias personas podrían haber estado intoxicadas por el intenso humo del incendio, pero se temía que existiera una persona muerta por asfixia. En cuanto a los bomberos, solo tuvieron que lamentar ligeros golpes por las canteras que se habían desprendido. También fue digna de elogios la labor que desarrolló "El Cuadrado" Valdez, pues con todo entusiasmo y empeño estuvo prestando sus servicios los que fueron eficientes.

El fuego iba tomando tanta intensidad por el lado de la avenida Vicente Guerrero que los despachos al frente del Palacio empezaron a resentir el calor y para evitar que se comunicara el incendio, bañaron las puertas y paredes con agua con cubetas y pequeñas mangueras. La Peluquería de don Triny (La Excelsior) y el Fénix, así como el despacho del licenciado Manuel Suzarte Cabrera, fueron rociadas con agua para protegerlas. En la siguiente manzana donde se encontraban las oficinas de la "Latinoamericana" del señor Daniel Cano y una sastrería, también sufrieron los rigores del intenso calor, pero afortunadamente no había pasado a mayores.

Las pérdidas materiales, tanto por la destrucción que sufrió el Palacio de Gobierno, cuanto por el inmobiliario inutilizado, ascendieron a cientos de miles de pesos, pero lo más lamentable y de un valor incalculable es la documentación que quedó convertida a cenizas y que representaba la historia de Chihuahua, imposible de reponerse. Así mismo se informaba por vía telefónica al Gobernador Alfredo Chávez que se encontraba en Parral, sobre el terrible incendio que había consumido una buena parte del Palacio de Gobierno, esperándose su arribo esa misma noche para visualizar de manera directa los daños al edificio.

Durante todo el incendio, permanecimos mis primos y yo tratando de apoyar las labores de rescate y ayuda a los bomberos y personal de seguridad, así como auxiliamos en varias ocasiones al héroe chihuahuense "El Cuadrado Valdéz" en todo lo que se pudo. Nos daba mucha lástima ver el Palacio de Gobierno, casi destruido por el terrible incendio. Parecía que una parte de mí que se había muerto al pensar que muchos documentos sobre la historia de Chihuahua se habían esfumado y aún más me daba vuelta el estómago al pensar que los bomberos al carecer de equipo necesario originó que el incendio devorara todo o parte del edificio, ¡qué lástima!.

Al terminar todo, a eso de la 1:00 am, nos dirigimos a casa a descansar, con la rabia en el interior de cada uno de nosotros por el lamentable incendio que sufrió el bellísimo Palacio de Gobierno, hecho que nunca olvidaremos, pues todos los eventos ahí ocurridos, fueron como un "tatuaje" que quedó impreso en nuestras memorias, pues aparte de que se destruyó parte de la estructura física del edificio, también muchos documentos de valor histórico incalculable, quedaron reducidos a cenizas. Quién sabe que intereses maléficos condujeron para eliminar lo que ahí estaba registrado ¿fue provocado? ó por cuestiones naturales. El tiempo lo dirá y hasta la fecha, el incendio representa un verdadero misterio en los antecedentes históricos de nuestra ciudad de Chihuahua.

En la próxima entrega, las acciones para la reconstrucción del Palacio de Gobierno que forma parte de los archivos perdidos de las Crónicas Urbanas.



Fuentes:

Almada, F.R. 1950. Gobernadores de Chihuahua. Cámara de Diputados local

Almada, F.R. 1997. Guía Histórica de la Ciudad de Chihuahua. Gobierno del Estado de Chihuahua.

Márquez, Z. 2009. El Palacio y sus Murales. Gobierno del Estado de Chihuahua.

Fernández-Baca, C.A. y Sen-Venero M.I. 2010. Centenario del Palacio Federal. Gobierno del Estado de Chihuahua.

El Heraldo de Chihuahua, 1941.

La Tribuna, 1941.
 

piriguin

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13 y 14 de diciembre de 1909 EL GRAN INCENDIO DE VALDIVIA: EL PEOR INCENDIO EN LA HISTORIA DE CHILE

El gran incendio de 1909 es la fecha más triste de toda nuestra historia – a decir del historiador, Padre Gabriel Guarda Geywitz - porque es el más grande acaecido en ninguna ciudad de Chile. Empezó en la calle Ramón Picarte a la altura del actual número 343, siguió a la plaza. Siete horas después, a las siete de la mañana del 14 de diciembre de 1909 el incendio había consumido 18 manzanas edificadas. Llegó hasta las lanchas cargadas de mercaderías en el río por el fuerte viento reinante. Se desplomaron también los edificios de la calle Prat; ardían los tablones de las calles y hasta árboles y casas de la isla Teja sufrieron daños.

Llegaron Bomberos de Temuco, Osorno, La Unión y otras localidades, además del ejército a combatir el siniestro.

El Presidente Pedro Montt y el Ministro del Interior, don Ismael Tocornal, llegaron a la ciudad para prestar socorro a la población.

Los afectados eran personas del centro, acomodadas y lo pobres no sufrieron tanto. Todo el centro: bancos, residencias, Intendencia, Iglesia Matriz y Obispado reducidos a cenizas. Después de él surge una nueva Valdivia, con malecones de cemento, redes de agua potable y alcantarillado y pavimentación.

Se cierra un ciclo histórico en que la ciudad había alcanzado gran progreso, para renacer nueva como el Ave Fénix, hacia el siglo XX.

EL AVE FÉNIX

Según la mitología antigua, el Ave Fénix era única en su especie y tenía la característica de dejarse quemar en una hoguera para luego volver a renacer de sus cenizas. En sentido figurado se usa la imagen mitológica para comparar la labor tesonera de los hombres o pueblos que, haciendo acopio de las energías espirituales y físicas del ancestro, logran sobreponerse a los grandes desastres de su historia personal o colectiva.

Nada más oportuno, pues en la “Noche Triste” de Valdivia del 13 de diciembre de 1909, cuando las llamas devoraron en un incendio sin precedentes en la Historia Nacional, el corazón, el nervio y hasta – nos atrevemos a afirmar – el cerebro, de su organismo esforzado y tesonero, comparar la resurrección mitológica con este episodio singular de la historia valdiviana.

En efecto, en esa ocasión, Santa María la Blanca de Valdivia amaneció aquel lejano 13 de diciembre, vestida con el luto de sus tizones y con los harapos de su grandeza, habiendo pasado por el martirio del fuego purificador y creador, a la postre, de un orden nuevo de trabajo y de progreso.

El ciclo histórico que comenzó con la colonización alemana de 1850, se cerró en 1909, para dar paso a una ciudad pujante, con una fisonomía nueva, orientada especialmente hacia la industria y el comercio, actividades que crecerían en progresión geométrica, para culminar nuevamente en 1960, con otro desastre de proporciones, producido ahora por la naturaleza, pero no por ello menos original y único en sus características y repercusiones. Es curioso observar cómo los factores humanos se conjugaban como fuerzas manejadas por una mano invisible para orientar rumbos a las colectividades urbanas.

En este sentido, Valdivia puede servir de modelo a la geografía humana por su desarrollo en ciclos, en cuyos extremos hay fenómenos de magnitud tal que han transformado fisonomía una y otra vez.

La nueva etapa histórica iniciada en 1909, empezó simplemente como un incendio más, a las 00:30 horas de aquel día fatídico, cuando las campanas de alarma indicaban como sitio amagado la propiedad de don Max Montecinos, arrendado por Teófilo Seiter y a la sazón deshabitada, en calle Ramón Picarte a la altura del 323. Nadie pudo imaginarse las proporciones que habría de adquirir el siniestro, con la complicidad del fuerte viento sur reinante y del frágil material de las construcciones de aquellos tiempos. El deforme Vulcano, Dios del fuego, había encontrado un aliado poderoso que impulsaría sus lenguas ígneas como verdaderos torbellinos de venganza por la primera cuadra de Picarte – a ambos lados de la calle – para seguir luego por Camilo Henríquez hacia la propiedad de don Carl Ewertz, que ocupaba la esquina del actual edificio Prales. Esa cuadra y las que continúan la calle Pérez Rosales o de San Francisco, fueron rápidas presas de las llamas, consumiéndose con facilidad las manzanas de la Imprenta Borneck, Intendencia y Obispado, para continuar en su camino voraz y desvastador hacia el río.

UN TRONO PARA EL DIOS DEL FUEGO

A estas alturas de la ciudad era el infierno mismo del Dante y es facil imaginar que las propiedades desde la Aduana hasta Williamson Balfour (ex –Escuela Técnica) y desde Independencia hasta Avenida Prat , sirvieron de trono al dios del fuego que veía reflejada su furia en el río, transformado en refugio – poco seguro también – de “la colosal catástrofe”.

Dicen la crónicas de la época que fueron 18 manzanas consumidas por el fuego, pero en el plano levantado en enero de 1910 por don Lorenzo Claro Lastarria, ingeniero civil liquidador de las compañías de seguros, se puede apreciar con toda claridad, que son 20 manzanas completas, o sea el nervio motor de nuestra economía. Milagrosamente se salvaron de de ser reducidos a escombros edificios como el Banco Alemán Trasatlántico y el Banco de Chile. Este se mantuvo tal cual hasta el sismo de 1960 y con la altura de más de un metro sobre la plaza que tenía también la ex – catedral y la Intendencia. La plaza misma tuvo que ser rebajada para su nueva remodelación cuentan los antiguos, que era de rigor para los niños de la época, jugar en el hoyo preparado para recibir el actual kiosco, instalado más o menos en 1912.

El edificio Wachsmann “esplendido establecimiento, se defendió heroicamente dentro de sus altas murallas de cal y ladrillo, pero el enemigo era más fuerte que él y lo redujo también a la nada”. En el plano económico, los saldos dejados por el siniestro afectaban a numerosas firmas que, si bien tenían seguros comprometidos – en moneda nacional y extranjera – no es menos cierto que las pérdidas superaban con creces a esa compesación.

Según la edición especial de “El Correo de Valdivia”, aparecida el 16 de diciembre, número suelto N° 4.172, el total de pérdidas subía de los 20 millones de pesos de ese entonces.

El fuego había empezado…¿inocentemente?...en la noche del domingo, pudo ser dominado sólo en la tarde del lunes.

En consecuencia Valdivia estuvo entregada más de 15 horas a las llamas y las siete Compañías de Bomberos, sus Voluntarios y los solidarios de Temuco, Osorno, La Unión, Gorbea, Loncoche no daban abasto y no tenían respiro.

LA EPOPEYA BOMBERIL

Una tarea sobrehumana cumplieron los Voluntarios valdivianos. A pesar del infierno que enfrentaron, salieron adelante. “Sus materiales quedaron inutilizados o muy averiados”. “Verdaderas oleadas de fuego – dice don Santiago Schüller, Comandante del Cuerpo de Bomberos en su informe al Superintendente – pusieron en peligro la vida de los voluntarios, los cuales envueltos en un mar de llamas que pasaban sobre sus cabezas y que se estrellaban en los edificios, tuvieron que retroceder varias veces, perdiendo parte considerable del material”.

Distinguidos vecinos – bomberos abnegados en aquel siniestro – y sobrevivientes a esta catástrofe reciben hoy emocionados el homenaje de sus conciudadanos, al reconocer en ellos, el valor, desprendimiento generosidad y sacrificio de todo el cuerpo, de los llamados caballeros del fuego. Son ellos: don Teodoro Rudloff Smith, de la Primera Compañía; don Santiago Adriazola, de la Segunda Compañía, maquinista incansable que, durante los días del siniestro no reconoció fatiga, cumpliendo con su deber con actitud ejemplarizadora; don Max Riedemann Braeuning, de la Sexta Cía. Y don Prudencio Garrido Salazar, de la Quinta Cía. Para ellos, la gratitud de Valdivia entero.

En cuanto a material se refiere la adquisición de la potente Bomba Valdivia, fue la mayor conquista y el orgullo de los bomberos valdivianos por largos años, dada su potencia que equivale a todas la compañías juntas.

Fuente:
Suplemento: "El Siglo XX de Valdivia", Fin de Milenio de El Diario Austral Valdivia. Autora: Profesora de Historia Sra. Digna Rodríguez Lamas.
Publicado el 31 de diciembre de 1999
 

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ELSIGUIENTE ES EL INCENDIO QUE AFECTO A VALPARAISO Y TUVO COMO CONSECUENCIA LA FUNDACION DEL CUERPO DE BOMBEROS DE VALPARAISO.


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La relación de este memorable siniestro que transcribimos a continuación, se
encuentra descrita por los Srs. Caldera y Riofrío en su “RECOPILACIÓN DE
DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DEL CUERPO DE BOMBEROS DE VALPARAÍSO”:


“El fuego se declaró en la calle de el Cabo, casa contigua a la del Correo, ocupada en
los altos por el señor Thorner y la parte baja por una cigarrería, lugar donde empezó el
incendio.
Pocos momentos bastaron para que la casa se hallase completamente envuelta en
llamas; el fuego, impelido por una suave brisa del norte, se propagó a los edificios
inmediatos con una celeridad tal, que no dio lugar a aislar el incendio, y apenas dio tiempo
para que los vecinos que acudieron primero lograran, a gritos y golpes, despertar a las
familias que corrían peligro de ser envueltas por las llamas, y gracias a la prisa que se
dieron, no hubo ninguna víctima que deplorar. El fuego, por esa parte, se detuvo frente a la
Cueva del Chivato, donde encontró por límite el mar.
Las llamas, que salían por los techos y ventanas de las casas incendiadas, lamían
con furia las paredes de las que se hallaban al frente, las que resistieron algún tiempo,
pero al fin los materiales combustibles quedaron al descubierto, y penetrando por las
puertas y ventanas, el incendio se comunicó de la casa de Mr. Thorner a las del frente. El
fuego, impelido por la misma brisa del norte que había barrido el cuerpo de edificios
situados sobre el mar, se propagó en la misma dirección hasta llegar al callejón que
conducía a la casa del Cónsul Francés, en el cerro.
La calle del Cabo, se hallaba interrumpida en el extremo del lado del Almendral por el
cerro de la Cueva del Chivato, enorme mole de piedra, y el ancho espacio del frente sobre
el mar. Ningún temor se abrigaba por esa parte de que el fuego se comunicase a otros
barrios de la ciudad; pero al extremo del puerto, la calle del Cabo se hallaba
afortunadamente interrumpida en la calle de Cochranne por un espacio de terreno que
disputaban dos propietarios, y sólo se llegaba a la calle de la Aduana (Prat) por un edificio
bajo de material, con edificios combustibles al respaldo.
La ciudad contaba con dos bombas, que pertenecían al comercio, a cargo de un
cuerpo cívico llamado “Zapadores Bomberos”, al mando del Jefe señor Juan A. Vives.
Las bombas llegaron al lugar del siniestro media hora después de dada la alarma y
cunando ya el incendio había tomado proporciones aterradoras. Desgraciadamente,
cuando todos confiaban en los únicos elementos con que contaba la ciudad, vinieron a
apercibirse que estaban en mal estado y las mangueras casi inutilizadas, por lo que todo el
material no pudo prestar ningún servicio.
Esta fue la causa de que el incendio, en los primeros instantes y antes de que tomara
cuerpo, no fuese vigorosamente atacado; además se encontraron faltos de materiales.
15
El Intendente accidental señor Melo, los señores Bowen, Butter, Vicuña y algunas
personas más de la vecindad que acudieron al momento, pusieron manos al trabajo;
algunos hombres atendieron las bombas; otros se proveyeron de algunas herramientas,
pero todo faltaba; hachas, picos, baldes, etc.
Puede decirse que Valparaíso se encontró en esos instantes impotente para dominar
la catástrofe que sufría. En esos momentos de angustia y desesperación de la autoridad y
vecinos, la escuadra francesa envió a tierra una bomba con la dotación necesaria de
oficiales y marineros del buque “Entrepenant”, al mando del Comandante Pouget.
Momentos después llegaban dos bombas mandadas por la escuadra inglesa, las que se
lanzaron audazmente a contener los progresos del fuego, colocándose todas
convenientemente, logrando arrojar un torrente de agua sobre los edificios incendiados.
A estas bombas vino a reunírseles una de propiedad del señor Salvador Álvarez, la
que también prestó importantísimos servicios.
Con estas cuatro bombas en movimiento, trabajaron las tripulaciones de los buques
de guerra ingleses, franceses, los marinos de la escuadra nacional, soldados de artillería y
multitud de entusiastas vecinos; pero en todo este trabajo faltaba el orden y la dirección;
los elementos materiales eran inferiores a la intensidad del incendio, notándose, más que
todo, la falta de una Compañía de Zapadores bomberos.
Cuando el incendio llegaba al callejón que conducía a la casa del Cónsul Francés y
que dividía el cuerpo de edificios que se hallaban situados al pie del cerro, aún no se había
cortado una galería de madera que los comunicaba.
Un oficial francés, Mr. Denis, asistido de varios marineros de su nacionalidad, entre
los cuales se distinguía el carpintero Cadoux, y de algunos vecinos, emprendieron este
trabajo, que llevó a cabo con mucha habilidad. En tal situación, lo esencial era impedir que
el fuego pasase adelante. Se hicieron esfuerzos sobre humanos para impedirlo, y
por………………………………………………………………(falta el final)
La luz del día vino a alumbrar aquella escena de desolación; entonces todos pudieron
ver con dolor los dos costados de la calle del Cabo reducidos a escombros y humeando a
uno y otro lado los restos de muchos edificios.
Por la noche las llamas volvieron a levantarse amenazadoras. La casa del Cónsul
francés volvía a hallarse en gran peligro. Se tocó llamada a los cuerpos cívicos y se trajo
una de las bombas, que resultó inservible. Todos se hallaban cansados de los trabajos del
día; pero, merced a los esfuerzos de son José Cerveró, que tomo la dirección de los
16
trabajos, y a las actividades de algunos jóvenes que lo secundaron, se logró sofocar las
llamas y encerrarlas de nuevo entre las paredes que humeaban todavía.
Los edificios incendiados pertenecían al señor Waddington, y se estimó su valor en
$150.000.- El importe de los efectos quemados fue mucho mayor, por la circunstancia de
hallarse situados en esa calle los almacenes con objetos más valiosos y por haberse
perdido la mayor parte de los muebles de las casas habitaciones.
Las enormes pérdidas ocasionadas por ese desastre, y el peligro no menos
considerable en que estuvo el vecindario aquella noche, hizo sentir la necesidad imperiosa
de contar de una vez por todas con los elementos más indispensables para la defensa de
la población, y los periodistas no tardaron en invitar al público desde las columnas de la
prensa a que tomara por su cuenta las medidas aconsejadas por la más elemental
prudencia.
Mientras los comerciantes obedientes a la voz de la prensa, abrían listas para inscribir
a los ciudadanos que voluntariamente se comprometieran a servir en una asociación
contra incendios; el Intendente interino de la Provincia D. J. Santiago Melo, citaba a su
oficina a todos los vecinos que desearan asistir, para el día 19 del mismo mes y año, a fin
de armonizar estos esfuerzos, y facilitar el buen éxito de las gestiones recién iniciadas.
En el Mercurio del 20 de Diciembre de 1850, apareció la siguiente información sobre
el resultado de dicha reunión:
“Varios ciudadanos iniciaron una Asociación de trabajadores contra incendio, que
ayer contaba con cien socios. El señor Intendente promovió una reunión de vecinos, la
cual nombró una comisión organizadora compuesta de los señores: Guillermo Müller, José
Cerveró; Juan Brown; Martín Stevenson, José Tomás Ramos, y Tomás Gatica, para que
reuniendo los fondos necesarios, propusiese los medios más eficaces de que podríamos
echar mano en Valparaíso, para prevenir y apagar incendios, autorizándoseles para tomar
las disposiciones inmediatas que la eminencia del peligro requería”.
Dicha comisión formó rápidamente una Compañía de Bombas, con los cien artesanos
que se habían inscrito, y además informó a las autoridades sobre las medidas que se
debían adoptar para evitar y combatir la propagación de los incendios, y aún insinuó la
idea de organizar desde luego una ASOCIACIÓN DE BOMBEROS VOLUNTARIOS, que
ofreciera toda clase de garantías a la población.
Poco después, el Intendente de la Provincia D. Manuel Blanco Encalada, dictaba un
decreto con fecha 30 de Diciembre del mismo año, por el cual daba a conocer al
vecindario las conclusiones del informe, y al mismo tiempo invitaba a una reunión a todos
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los comerciantes y propietarios de la ciudad para el 16 de Enero de 1851, en la sala de
audiencias del Consulado (Intendencia), con el objeto de resolver sobre la posibilidad de
organizar un servicio contra incendios de carácter netamente gratuito, y en caso de tener
ambiente esta idea, arbitrar los medios para procurarse los recursos que esta empresa
exigía.
Al llamado del Intendente, acudió una concurrencia numerosísima, quien aprobó por
aclamación la idea de fundar una ASOCIACIÓN DE BOMBEROS VOLUNTARIOS.
También resolvió, que la comisión designada anteriormente se hiciera cargo de estudiar su
organización, pero por renuncia de los señores Cerveró, Ramos y Gatica, fue menester
integrarla con los señores: Otto Udhe, Jorge L. Hobson y Eduardo Mickle; y para formar la
comisión de recursos fueron nombrados los señores: Carlos Lamarca, H. Ward, y
Francisco A. Nebel.
Una vez que las comisiones llenaron su cometido, invitaron al vecindario a una
reunión en el Teatro Victoria, que tuvo lugar el 30 de Abril del mismo año. En ella dieron
cuenta del buen resultado de sus gestiones, y formularon indicación para crear dos
compañías de bombas con cien hombres cada una, una compañía de hachas y escaleras
con ochenta individuos, y una de guardia de propiedad con cincuenta personas. Este
personal alcanzaba un total de trescientos treinta voluntarios, número que se consideraba
suficiente para atender a las necesidades del servicio.
Aprobadas esas indicaciones, se acordó el nombramiento de tres comisiones para
que tomaran a su cargo la delicada tarea de organizar las nuevas compañías y estudiar los
reglamentos internos de las mismas. Además fueron autorizadas para constituir un
Directorio provisorio, a fin de que redactara el Estatuto Orgánico y se entendiera con las
autoridades en todo lo relativo al reconocimiento de la Asociación.
Las personas elegidas para formar esas comisiones se reunieron el 1º de Mayo de
1851, en el local de la Bolsa de Comercial, y el primer acuerdo que tomaron fue el de
designar a los señores Eduardo Mickle, F.D. Atherton, Guillermo Müller, John Mouat, Juan
Carlos Gómez y Ángel Castillo, para que formaran el Directorio provisorio, quien tomó a su
cargo la redacción del Estatuto Orgánico de la Asociación. Las comisiones con un celo
digno del mayor aplauso sesionaron diariamente hasta terminar el trabajo que se les había
encomendado, y el día 30 de Mayo, se reunieron nuevamente en conjunto para tomar
conocimiento del proyecto de Estatuto elaborado por el Directorio provisorio, y habiendo
sido éste aceptado por la unanimidad de los presentes, se acordó someterlo a la
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aprobación del Intendente de la Provincia, conjuntamente con el nombramiento de D. José
Tomás Ramos Font, para ocupar el cargo de Superintendente-Comandante.
Finalmente, el Directorio provisorio dio cuenta del feliz resultado de su misión, la
noche del 4 de Junio de 1851, en el recinto del Teatro Victoria, y en seguida el Sr. Juan
Carlos Gómez, procedió a dar lectura al Acta Orgánica, aprobada por las autoridades, la
que fue ratificada por la asamblea, y firmada al día siguiente por todos los asistentes al
acto (Firmada el acta orgánica el día 5 de Junio de 1851, se instalaron las Compañías en
las fechas que a continuación se indican, y con el personal que se señala:

1ª Compañía de Bombas , el 6 de Junio con 151 voluntarios;
2ª id id , el 7 de Junio con 150 id ;
1ª id Hachas , el 9 de Junio con 54 id ;
Guardia de Propiedad , el 10 de Junio con 84 id ;
----------------------------------------------
Total: 439 voluntarios


http://www.cbs.cl/documentos/CBS_Jorge_Recabarren
 

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UN INCENDIO EN ANTOFAGASTA:




EL INCENDIO DE LA LIGA PROTECTORA DE ESTUDIANTES


El medio día pasaba lentamente y daba paso a las horas tranquila de la siesta, en una ciudad acostumbrada a la tranquilidad calurosa de la primavera. Contarían más tarde los transeúntes y testigos, del incendio, que un olor a quemado se había instalado pesadamente en la calle Matta entre 21 de Mayo y Copiapó, algunos vecinos se preocuparon y otros no le dieron mayor importancia hasta que fue demasiado tarde.

Seguramente el incendio comenzó larvadamente un par de horas antes, una construcción vieja, de maderas pintadas una y otra vez para modernizarla, llenas de polillas, pisos impregnados de petróleo para verse más limpios y brillantes, techos y entretechos sellados con brea para darles impermeabilidad. Estantes llenos de libros, diarios y revistas donde todos los estudiantes de Antofagasta en especial los más humildes, consultaban sus tareas, fueron el escenario y nido perfecto para que el fuego encontrara el combustible ideal para convertirse en una de las hogueras más notables e históricas en la memoria de los Bomberos de Antofagasta.

Cuando la gente vio las lenguas de fuego saliendo por las ventanas del edificio y corrieron a llamar a los bomberos, en ubicar un teléfono público o una casa u oficina donde se pudiera hacer el llamado de alerta, ya fue demasiado tarde para salvar esa vetusta construcción Antofagastina. Ahora los caballeros del fuego deberíamos enfrentarnos a salvar la cuadra entera en una Antofagasta carente de modernidad y siempre sedienta de agua. La ciudad a esa hora despertó de su siesta de media tarde, con el largo sonar de la sirena bomberil del Cuartel General de calle Sucre y una enorme columna de humo negro enroscándose en el cielo como señal inequívoca que esa tarde seria recordada por muchos años por los Antofagastinos, los fotógrafos del diario El Mercurio salieron rápidamente de sus oficinas y tomaron fotografías de gran calidad, que al día siguiente serian primera plana en el diario, mientras radios y periodistas transmitían la noticia al instante.

Las primeras compañías en llegar fueron las 1°, 2° y 4° por estas más cerca del lugar y rápidamente comenzaron a vaciar el agua de sus estanques, luego llegaron la 6° y 7° conectando sus carros a los distintos grifos del sector, pero el agua no bastaba, la gente se agolpaba en las esquinas llena de asombro e incredulidad viendo como el fuego rojizo y candente plantaba su reino destructor en la tierra. Para los bomberos a esa hora la incertidumbre era total, los comandantes ordenaron la salida de todas las compañías y la 3° la 5° y 8° destaparon después de un intenso trabajo el pozo de agua de mar de la calle 21 de mayo con Latorre y mediante un comboy cuesta arriba generaron la mágica columna de agua qué abasteció a todos los carros del cuerpo de bomberos que parados frente a incendio combatían el fuego con sus tripulaciones cara a cara con las llamas, el calor derretía los focos y balizas de los carros, y hacia humear las chaquetas de gomas con cintas reflectantes que le había entregado recientemente a los voluntarios. El carro telescópico año 52” que recién había sido enviado a la ciudad después del incendio de la torre Santa María en Santiago lanzaba agua desde las altura, sus puertas recién pintadas con las insignias y letras de los bombeos de Antofagasta comenzaron a hervir con el calor y se derritieron ante los ojos de los voluntarios que llevando agua en sus cascos y lanzándosela a la puerta, querían salvar lo inevitable.

La orden de la Comandancia a los Capitanes fue clara, evitar su propagación a los edificios vecinos en primer lugar y apagar lo antes posible el que ardía por sus cuatro costados, un grupo de voluntarios de varios Compañías trepamos al edificio que ocupaba el Instituto AIEP en la calle Matta por la escala del carro telescópico Pirchs 51” y de allí lanzábamos todo el agua que podíamos por las dos vías que logramos subir. De repente la vieja estructura del edificio de la liga lanzo un crujido moribundo y aterrador, comenzando a derrumbarse hacia adentro, con ese movimiento arrastro el edificio donde estábamos nosotros y de pronto pensamos que nuestra hora en la tierra había llegado, la explosión fue tremenda. Las llamas que se levantaron fueron gigantescas y la nube de astillas incandescentes y gases calientes que nos abrazaron nos hicieron temer lo peor………… El edificio después de unos segundos volvió a su posición original y resistió, gracias a Dios, los pitoneros ubicados en otros techos vecinos dirigieron sus chorros salvadores hacia nosotros y nos dieron ese muro de agua que nos aisló del fuego, dándonos la protección que en esos minutos urgentemente necesitábamos.

Las horas pasaron y el fuego dio paso al humo y a los vapores del agua, al despejarse estos, los escombros fueron claramente visibles, lo que fue un edificio de dos pisos altos y varias habitaciones estaba reducido a un inmenso monto de escombros humeantes que todos los bomberos debíamos remover. Pronto llego la oscuridad que oculto los clavos, vidrios, y latas cortantes esparcidas por todo el lugar, los derrumbes hacían peligrosa nuestra tarea, recuerdo perfectamente como Don Milán Zlatar por ese tiempo Director de la 3° Compañía removía escombros con la abnegación y sacrificio de un bombero mas ,pese a sus años y a su grado, cuando los fierros retorcidos de un pesado estante de libros le atrapo la pierna y le produjo heridas y fracturas que le pasaría la cuenta toda la vida y que el supo llevar con la mansedumbre de “las aguas que apagan el incendio y riegan mudas el árbol el laurel”.

El tiempo ha pasado desde ese incendio y para muchos bomberos de esa época, los recuerdos se desvaneces como chorro neblinero haciéndose vapor sobre las llamas en noche oscura de fuego y humo. Pero una cosa es segura, pocos incendios fueron apagados con tanto sacrificio y trabajo colectivo como lo fue este. Al pasar la lista en nuestros cuartes esa noche, cada uno de nosotros, jóvenes y viejos, con estrellas o sin ellas, supimos orgullosos que pertenecíamos a la más noble de las instituciones Antofagastinas.

Ricardo Rabanal Bustos
Profesor


http://bomberosantofagasta.cl/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=233:ricardo-rabanal-bustos&catid=38:cronicas&Itemid=100
 

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13 de enero 1939: Incendio en Lagunillas de Agua ó “Cuando un barril de petróleo vale más que la vida humana”. Estado Zulia.Venezuela.


En dos ocasiones el pueblo de Lagunillas de Aguas, construido sobre palafitos en el lago de Maracaibo, fue devorado por las llamas. El 15 de junio de 1928 y el 13 de enero de 1939. En ambas ocasiones se dijo que los incendios habían sido provocados por agentes a sueldos de las compañías petroleras extranjeras a las que interesaba el desalojo del lugar a fin de instalar balancines para extraer petróleo. Lagunillas era un pueblo formado por trabajadores petroleros y desempleados.
Murieron numerosas personas, principalmente niños y mujeres. El comentario popular difundió que el incendio del 13 de enero de 1939 hubo 3.000 personas muertas, aunque las autoridades nunca dieron las cifras definitivas. Finalmente el lugar fue clausurado y Lagunillas se instaló donde existe actualmente.
Entrada la noche del 13 de noviembre del año 1939, se registra la más espantosa tragedia que contempla la historia del Zulia. El núcleo de palafitos que integro la original población de Lagunillas de Agua, fue destruido por un devastador incendio que se originó en el Bar Caracas, propiedad de una prostituta llamada Alicia Mendoza “La caraqueña”. El aterrador incendio se inició cuando la mujer encendía una lámpara a combustión de gas para iluminar el negocio y al hacerlo el fuego abrazo las manos de la mujer, quien herida lanzo el artefacto al agua que estaba cargada de petróleo como producto de un derrame ocurrido días antes.
La confusión fue total, hombres, mujeres, niños y ancianos se movían, invadidos por la desesperación, el miedo y la terrible angustia, por encima de los chirriantes maderos de la Planchada. Trabajadores de la Venezuelan Gulf Oil de guardia a esa hora, arrimaron una gabarra, a manera de puente, entre el encendido poblado y el muelle de embarque de la empresa, para crear una vía que permitió el escape a decenas de los pobladores amenazados.
Un numero indeterminado de victimas y el doloroso y triste trabajo de recoger los cuerpos calcinados y los muertos por asfixia o triturados y hasta posiblemente de fallecidos por causa del terror a que enfrentaron.
Sobre el por qué hubo una tragedia así, se tejieron conjeturas: todos los pobladores de Lagunillas de Agua, recordaban con mucho temor los regaños y amenazas de un “castigo celestial” que formuló un religioso doctrinario, durante el desborde casi profano, de los feligreses en una marcha de San Benito, años atrás. Otra versión del incendio habla de la maldición de un sacerdote, quien ante tanta relajación luchó por adecentar las costumbres corrompidas de Lagunillas…usando la violencia, el párroco fue obligado a salir de la población…tuvo que rendirse ante la fuerza de quienes lo echaban y con el hábito destrozado por manos profanas…lanzó una condenación ¡por el fuego falleceréis, incrédulos!

NOTA DE TAIMA: Tres versiones.¿Cual creer que sea la verdadera? Basta razonar un poco y se llega siempre a la misma conclusión: CUANDO UN BARRIL DE PETRÓLEO VALE MÁS QUE LA VIDA HUMANA…

http://taimaboffil.wordpress.com/2011/01/17/13-de-enero-1939-incendio-en-lagunillas-de-agua-estado-zulia-venezuela/

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Voraz incendio
destruyó al pueblo
de Lagunillas

Las causas del siniestro no fueron precisadas
Los pobladores fueron sorprendidos por la llamas, las cuales provocaron la muerte de aproximadamente 1.000 personas y la destrucción de 300 viviendas.
La noche del pasado 13 de noviembre, un incendio de grandes proporciones arrasó al poblado de Lagunillas en el estado Zulia, reportaron autoridades locales:
Aunque aún no se han confirmado las causas del siniestro por parte de los organismos gubernamentales, se estiman que más de 1.000 personas murieron en el siniestro y la destrucción de más de 300 casas.
Sobre el hecho, los sobrevivientes dicen que la causa del incendio fue un accidente en el Bar Caracas, cuando la señora Alicia Mendoza intentaba encender una lámpara de gas y el fuego quemó sus manos, lo que hizo que lanzara el artefacto al agua que tenía petróleo proveniente del pozo 1 de la Venezuelan

La calle “El Último Tiro” fue la primera en ser devorada por las llamas. La señora Custodia López, heroína del pueblo, salvó a cuanto niño pudo montandolos en un tablón, mientra que Álvaro Cruel rescató a su madre y a un hermano.
Eleuterio Fonseca, teniente de la Guardia Nacional destacada en la zona, se movilizó con todo el personal para auxiliar a las víctimas.
El joven comerciante de origen trujillano Héctor Padilla comentó lo siguiente: “Todo era un verdadero desorden, era una locura lanzarse al agua prendida en candela, muchos lo hicieron y se murieron...” Esta no es la primera vez que Lagunillas sufre los embates de las llamas. En 1927, 1928 y 1937 ocurrieron siniestros de este tipo pero sin el lamentable alcance de sucedido este 13 de noviembre. Maracaibo

http://www.bicentenario.gob.ve/independencia200/edicion/1939.pdf

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EL INCENDIO DE TACOA 19/12/1982 (VENEZUELA)
Publicado 21 octubre, 2006 HISTORIA 12 Comentarios



La mañana del día Domingo de Adviento, 19 de Diciembre de 1982, “El Diablo” bajó a bañarse a “TACOA”, al igual como lo hacen miles de caraqueños en los días festivos previos a la Navidad, época de vacaciones y día ideal para un merecido descanso luego de todo un año de arduo trabajo, pero tan solo ésta vez, éste nefasto individuo se le ocurrió invitar a “La Muerte”, tragedia y destrucción era su almuerzo.
Esto sucedió en la vida real, no es un cuento cualquiera, ocurrió más o menos de la siguiente manera, ya que todos los testigos principales del suceso fallecieron en el mismo.
Era una típica mañana decembrina fría y con poco viento, las labores rutinarias de tres obreros de la ELECTRICIDAD DE CARACAS, se desarrollaban en completa normalidad; LUIS NATERA, JOSE MANUEL RODRÍGUEZ y ALEXIS ALSAUL, realizaban la misma tarea diaria encomendada de siempre, descargar combustible y trasegar, unos 16.000 Lts., del denominado FUEL-OIL, en esta oportunidad provenientes del barco tanquero; MURACHÍ al TANQUE Nº 8 de almacenamiento del COMPLEJO DE GENERACION ELECTRICA, ubicado en TACOA, Arrecifes, Mcpio Vargas, Distrito Federal (actualmente Estado Vargas), cuando aproximadamente a las seis y cuarto de la mañana se produjo una explosión que mando por los aires a los tres obreros que supervisaban la descarga, tan solo ALEXIS ALSAUL, quedo con vida, sus dos compañeros fueron lanzados tan lejos que desaparecieron físicamente, se cree cayeron a la mar, ALEXIS aún con graves quemaduras logro correr y activar la alarma de incendio, de inmediato la sección de guardia “A” y “B” de los Hombres de Azul, estos ubicados en La Guaira salieron presurosos a sofocar el incendio que se iniciaba.
42 Abnegados hombres de azul los miembros del CUERPO DE BOMBEROS del Mcpio. Vargas, salieron prestos a combatir el voraz incendio que se desataba en el Tanque Nº: 8, y que amenazaba los demás depósitos de combustibles cercanos al incendio inicial.
La magnitud de la conflagración tomaba intensidad que resultaba fuera de control, se llamaron más unidades bomberiles de refuerzo, acudieron las secciones de guardia de los BOMBEROS MARINOS del Puerto de La Guaira, y las unidades de Intervención Inmediata de los BOMBEROS AERONÁUTICOS del Aeropuerto Internacional “Simón Bolívar”, ubicado de Maiquetía.
Ya miles de bañistas bajaban por la autopista a disfrutar de un domingo playero, desde allí ahí se observaba una gran columna de denso humo negro que subía cientos de metros, más no se ubicaba el sitio preciso del incendio, muchos decidieron acercarse a curiosear desviando sus vehículos hacia las playas de Catia La Mar.
Policías Metropolitanos y Guardias Nacionales, fueron enviados a acordonar la zona e evitar que personas curiosas se acercaran al sitio del incendio, más la realidad era otra, cientos de habitantes de una barriada cercana que se levanto con el correr del tiempo en los alrededores de la cerca perimetral de los patios de depósitos de combustibles se dedicaban a observar el incendio en primera fila desde sus casas, levantados desde temprano por el ensordecedor ruido de la explosión y el ulular de sirenas de los vehículos de Emergencias.
Muchos de los habitantes se acercaban a pie a curiosear lo que pasaba, ya desde el Aeropuerto de Maiquetía habían enviado un helicóptero perteneciente a la Policia Metropolitana el YV-O-PM-6 como piloto el Cap. (AV-C) GIOVANUCHI, sobrevolaba el área del incendio informando de los pormenores y coordinando por radio a través de la Torre de Control de Maiquetía las operaciones de combate de incendio.
Las primeras emisoras de radio tenían la noticia inicial que se desarrollaba, la misma indicaban con fanfarrias; “EXTRA”… “EXTRA”… “EXTRA”… “ULTIMA HORA”, ¡UN VORAZ INCENDIO SE REGISTRA EN TACOA…! Anunciaban los locutores con voces estridentes.
Mientras la Radio lanzaban Extras Noticiosos al aire, los Medios de Comunicación Social; Prensa y TV, localizaban a sus reporteros llamándolos a sus casas urgentemente, enviándolos sin saber con sus equipos de fotógrafos y camarógrafos a un cita con “La Muerte”.
Gran cantidad de personas curiosas empezaron a bajar de Caracas para La Guaira a ver el incendio, esto origino un fuerte congestionamiento en la autopista, ya a media mañana más de un centenar de hombres combatía el incendio, mientras otros eran enviados como relevos, unidades de las secciones de guardia del CUERPO DE BOMBEROS del Dtto. Federal, BOMBEROS del Dtto. Sucre (actualmente BOMBEROS DEL ESTE), Voluntarios de DEFENSA CIVIL, GUARDIA NACIONAL, POLICÍA METROPOLITANA, TÉCNICOS DE PDVSA, ELECTRICIDAD DE CARACAS, así como de otros cuerpos y organismos oficiales se daban cita en Tacoa.
Aproximadamente a medio día el fuego era controlado, numerosas personalidades se dedicaban a rendir declaraciones sobre el suceso a los medios de comunicación social mediante entrevistas en vivo desde el sitio de los acontecimientos y fue cuando “El Diablo” y “La Muerte” decidieron darse un Chapuzón en el TANQUE Nº: 9, exactamente a las 12 horas con 35 minutos, “EXPLOTA” el referido tanque.
Una unidad del Cuerpo de Bomberos Aeronáuticos, que se encotraban en el momento de la explosión estaban integrados por la unidad Magirus Deuz : El Sgto Luis Gregorio Merente, Los Dtgdo Nelson Fernandez Bombero Angel Peña y el Dtgdo Jose Ignacio Avila Orta, salienron ilesos de la explosión. El único que falleció en el sitio fué el Cap Luis Eduardo Perez Pérez.
“LA MUERTE” llegó de invitada rochelera, su anuncio fue apoteósico, una gigantesca explosión como la de un volcán en erupción derramando combustible hacia todas las direcciones posibles, una lluvia de fuego se acerco al helicóptero YV-O-PM-6 se encontraba posado en ese instante en la playa cercana a Tacoa, su piloto el Cap. GIOVANUCHI, vio como se empezaba a derretir el Plexiglas de su parabrisas, se bajo y corrió hacia la mar donde se zambullo, atrás venía una bola de fuego que cayo e incendio todo a su paso, cientos de personas quedaron estupefactas y anonadadas sin reaccionar y fueron alcanzadas por la lluvia de fuego que del cielo llovía.
Ríos de fuego bajaban por las laderas de Tacoa hacia la mar, miles de curiosos y efectivos bomberiles corrían para salvar sus vidas, el fuego acabo con más de 500 viviendas ubicadas en el sector, cientos de vehículos fueron abrazados por las llamas y todos los carros de Bomberos y Policiales incluido el helicóptero se incendiaron quedando totalmente calcinados.
“TAMAKUM”, un popular pescador de Tacoa que tenía un pequeño restaurante de pescado frito y un varadero de lanchas, socorrió a muchos que se lanzaron al mar, el con otros pescadores de Arrecife, se hicieron a la mar en sus peñeros, rescatando y trasladando a tierra firme segura a cientos de personas ya que los que sobrevivieron corrieron hacia el mar, en tierra era el infierno todo estaba en llamas, el combustible se mezclo con la aguas leguas de fuego flotaban sobre el mar pero a pesar de esto “TAMAKUM”, cumplió como un verdadero HOMBRE DEL MAR y BOMBERO MARINO.
Este 19 de Diciembre se cumplirá otro aniversario más de algo que no debió nunca ocurrir, más de 160 personas fueron declaradas oficialmente fallecidas por encontrarse sus restos carbonizados, otros mas fallecerían en los diferentes centros hospitalarios víctimas de las graves quemaduras, mas de un centenar de desaparecidos reclamados por familiares, un numero de personas no determinado resultaron con diversas heridas y quemaduras de primero, segundo y tercer grado, cientos de habitantes quedaron sin viviendas y pertenencias, más de 50 BOMBEROS murieron ese día, otro número superior entre Comunicadores Sociales, Policías y Voluntarios.
Tomado de El Bombero Venezolano
http://www.geocities.com/pipeline/halfpipe/6362/


http://farahnna.wordpress.com/2006/10/21/el-incendio-de-tacoa-19121982/






 
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Incendio del Vapor "Perú", Primer Acto de Servicio de la Asociación contra Incendios de Valparaíso, 8 de julio de 1851.


El 5 de agosto de 1835, el gobierno le otorgó al ingeniero, empresario y bombero fundador de la 2ª Cía. de Bombas (hoy “Bomba Germania” de Valparaíso), el norteamericano William Wheelwright (1798-1873) los derechos exclusivos para operar vapores en sus aguas por diez años.
El 27 de septiembre de 1838, Wheelwright fundó en Londres la Pacific Steam Navigation Company con un capital inicial de 250.000 Libras Esterlinas. En 1839 se inició en los astilleros de London Curling & Young en Limehouse, la construcción de la primera flota de la P.S.N.C., formada por dos vapores de madera impulsados por paletas laterales: el vapor “Perú”, de 690 ton, eslora de 60.3 ml, manga de 8.8 ml y velocidad de servicio de 8 nudos. Lanzado al agua el 18 de Abril de 1840, y dos días más tarde el vapor “Chile” el 21 de abril, de 682 toneladas.
El “Perú” inició su viaje inaugural con 40 pasajeros el 15 de Julio de 1840, al mando del Capitán George Peacock desde Gravesend (Plymouth) a Valparaíso vía Falmouth y Estrecho de Magallanes. El “Chile” zarpó de Falmouth el 27 de junio, arribando ambos vapores a Valparaíso el 16 de Octubre del mismo año, luego de 8.600 millas de viaje en 52 días. Nueve días después el “Perú” inaugura el servicio entre Valparaíso y Callao (Perú), realizando el viaje en 8 días. Es reemplazado en 1852 por el vapor “Lima”, luego que un fuerte temporal de viento y lluvia lo azotara de manera inusual, lanzándolo a las playas del sector del Almendral, incendiándose, quedando varada e inutilizada y cobrando la vida de dos marinos.

Esta fue la primera emergencia que enfrentó la naciente “Asociación contra Incendios de Valparaíso”, hoy Cuerpo de Bomberos de Valparaíso. Los diarios de la época informaron que los voluntarios trabajaron desde las 10:30 A.M. hasta las 15:30 P.M. del día viernes 8 de julio de 1851, extinguiendo totalmente el incendio de las carboneras del vapor siniestrado, ocupando para ello baldes de cuero y con el agua hasta el pecho en el embravecido mar.
Entre los días 6, 7 y 8 de julio de 1851, un furioso temporal de lluvia, mar gruesa y fuerte oleaje como consecuencia del implacable y fortísimo viento noreste que azotaba al puerto de Valparaíso, amenazó peligrosamente a los barcos anclados en la bahía, llegando a su intensidad máxima a partir de la una de la madrugada del 8 de julio.
A las 10,00 A.M. de ese día, cuando el viento y las olas se habían calmado un tanto, la campana de incendio instalada en el edificio de la Bolsa de Comercio tocó a rebato llamando a sus noveles voluntarios y señalando como sitio amagado el Vapor "Perú" perteneciente a la Compañía Inglesa de Vapores. El navío había varado en las playas del Almendral a consecuencia del fuerte temporal que afectaba a este puerto, produciéndose a continuación un incendio a bordo, en sus carboneras. La tarea era demasiada para estos jóvenes bomberos; parecía que se habían unido todos los elementos, el temporal, la lluvia y el fuego, para ponerlos a prueba.

El diario “El Mercurio” del miércoles 19 de julio de 1851, tituló “Fue un horroroso temporal". "Desde muy temprano anunciaba la noche que había de ser de las más terribles que han pasado por la bahía de Valparaíso... No se sabe positivamente la hora, cuando principió a correr el viento norte i a descargar agua con una fuerza indescriptible. El furor de las olas se aumentó, por consiguiente, i esta mañana hemos visto con dolor unos pocos restos de una barca americana en la Quebrada de Elías (antigua Pérgola de las Flores y hoy calle Ricardo Cumming) i del paquebote americano "Betty Bliss" que llegó hace pocos días de San Francisco, el que habiendo traído los pormenores del terrible incendio de aquella ciudad, ha venido a ser víctima del elemento contrario, estrellándose contra los peñascos de la playa que daban frente a los escombros del incendio del 15 de diciembre de 1850, en el terreno del señor Josué Waddington, cuya muralla desde la Cueva del Chivato (actual Subida Concepción, lado Diario "El Mercurio") hasta la casa que ocupa la Comisaría i Administración de Correos, ha sido también víctima de las olas. En el Castillo se ha varado el bergantín "Novión" i el vapor "Perú", después de haber luchado algún tiempo pero en vano por salvarse, aún echando sus anclas de repuesto i queriendo levantar vapor, se ha varado a las ocho i cuarto de la mañana en la playa, frente a la Plaza de la Victoria, cerca del Teatro de la Victoria...".
Los relatos de la época señalan que a esa hora, muchos de los buques pedían auxilio. Una gran parte de las lanchas cisternas y de carga se había destrozado.
Los edificios del lado de la playa, desde la Quebrada de Elías (hoy Ricardo Cumming) hasta el Castillo, con el embate de las olas corrieron peligro de ser destrozados.

Otto Uhde, capitán de la 2ª Compañía (alemana) señala que a las 10,00 AM. de ese día se le comunicó del incendio que afectaba al vapor "Perú", y que se encontraba varado en las playas del Almendral.
La bomba fue armada en el mar, trabajaron con esfuerzos, dignos del mejor elogio. Parecían veteranos guerreros de mil batallas que luchaban contra todos los elementos que los habían elegidos para someterlos a tan dura prueba. La 2ª Compañía se distinguió notablemente; su Capitán era sin duda un extraordinario Jefe, y no menos su Teniente 1º Guillermo H. Vincent. Armaron la bomba, cerrando la llave de absorción y la colocaron de manera que el agua del mar penetrare por la parte superior de la caja, cubriéndola ésta con la lona para evitar que le entrara la arena. Para poder efectuar este trabajo, era necesario achicar las palancas con el agua hasta el pecho, recibiendo a cada momento golpes de las olas, que los cubrían totalmente.
Cuanto se diga de este trabajo siempre será poco, porque fue extraordinario. Allí se veía a hombres ricos acostumbrados a las comodidades de la vida, tan caballeros como decididos colaboradores, jóvenes delicados que tal vez no osarían salir a la calle cuando llueve, meterse en el mar hasta la cintura, recibiendo los fuertes golpes de las olas y la lluvia implacable que caía a torrentes, luchando y trabajando con un entusiasmo indecible, junto a comerciantes, artesanos y estudiantes, de diferentes clases sociales, ocupados unos en la dirección de las bombas echando agua con los potentes chorros para cortar el fuego, otros sobre cubierta en medio de una espesa humareda de vapor y también en la bodega del buque sacando la pólvora y dinamita que había a bordo para evitar una explosión, otros salvando el tesoro y valioso cargamento y muebles de la nave y algunos trabajando con sus hachas donde lo creían necesario.
Aquel duro y tenaz trabajo se efectuaba con alegría, con simpáticos comentarios, con graciosa charla, con miles de incidentes que aún pudieron ser desastrosos. Hubo un momento en que el valiente y entusiasta Capitán de la 2ª Otto Uhde fue arrastrado por una ola, que le habría estrellado seguramente contra el casco del vapor si no hubiera sido con igual arrojo y prontitud salvado por otro de sus compañeros, con un entusiasmo indecible, dando el Capitán como premio, un abrazo a su salvador, sirviendo este acto como ejemplo y sellando para siempre la ayuda mutua, lealtad y compañerismo que desde siempre ha existido en el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso.
Luego de casi 6 horas de intenso trabajo, bajo condiciones climáticas muy adversas y en medio de un fuerte oleaje, se logró la extinción del siniestro por los esforzados bomberos, recibiendo éstos el aplauso de los espectadores reunidos a la orilla del mar. Terminada la emergencia, el Capitán de la 2ª Cía. remitió al Secretario del Directorio de Bombas contra Incendios de Valparaíso, el informe correspondiente al primer Acto de Servicio después de constituida la nueva Asociación Bomberil.

" Compañía Segunda de Bomberos "

Valparaíso, martes 8 de julio de 1851 (A las 3 1/2 de la tarde)
Señor Secretario:
"El infrascrito, capitán de la 2da. Compañía de Bomberos, se dirige a Ud., para que se sirva poner en conocimiento del Directorio, el acontecimiento que ha originado el servicio de la Bomba a mi mando.
A las diez de la mañana de este día, se me dio parte por el Secretario del Cuerpo, que el vapor inglés "Perú" (propiedad de la Compañía del Pacífico) que hace la rotación de la quincena en estas costas i varado a las 8 de la mañana en la playa del Almendral, a consecuencia del recio temporal que estamos experimentando; daba principio a incendiarse en este estado, el carbón que sirve de combustible a su bordo. En el acto pasé a la casa-habitación del Señor Superintendente de bombas, a quien noticiándole esta nueva ocurrencia, personalmente me acompañó al depósito de bombas. Se ordenó se tocase la campana de alarma o de incendio, i a los cinco minutos la 2ª Compañía pudo disponer i conducir su Bomba al punto del incendio, bajo la dirección de todos sus subordinados oficiales, i como 50 voluntarios, más o menos, que en tan corto tiempo pudieron organizarse.
Puede decirse que nuestra bomba prestó servicios al buque incendiado desde las once del día, i tan eficaz que a pesar de la voracidad de las olas, la incesante lluvia, el desorden, i confusión que con nuestros esfuerzos i disciplina pudimos vencer; hasta estos momentos, el fuego está totalmente sofocado i la bomba de mi mando con útiles en depósito.
De más creo recomendar al Directorio, como el vecindario de Valparaíso, la especialidad de tal o cual oficial, de tal o cual voluntario en sus servicios, baste decir a Ud. que la 2ª Compañía, los valientes y entusiastas oficiales y voluntarios, que a la primera señal tomaron posesión de su Bomba, se han conquistado la admiración i aprecio de los nacionales i extranjeros que han presenciado las cuatro horas de un servicio incesante i valeroso, trabajando en su mayor tiempo con el agua al pecho y luchando siempre con todo lo imposible que pudiera oponérsele.
La 2ª Compañía de Bomberos agradece cordialmente los servicios que le han prestado los muy apreciables capitanes de la 1ª i 3ª Compañía de Bomberos.
La 2ª Compañía de Bomberos ha pagado con dinero sonante el servicio de algunos hombres del pueblo que llamó en su auxilio en los momentos del trabajo.
Aceptad, señor Secretario, mis salutaciones afectuosas.

José Antonio Mercado OTTO UHDE,
Secretario-Tesorero Capitán

Al día siguiente se publicó un balance de los daños causados en la bahía. Una veintena de embarcaciones entre las que se cuentan goletas y fragatas aparecen con serios daños o lanzadas a la playa. Los daños consignan desarbolada completamente, perdido el palo trinquete y bauprés, roto el mastelero de proa y el tajamar, roto el palo de mesana, botalón de foque, rota la obra muerta.
Sin duda el buque más sentido es el vapor "Perú". Dicen que se hallaba "Fondeado al Muerto", pero aumentando el temporal como a las 02,00 AM. se notó que el buque había arrastrado; entonces fondearon el "Ancla de Esperanza" y a pesar de eso, el viento y la mar gruesa lo echaban siempre hacia la playa. Pronto comenzaron a encender los fogones para sacarlo por medio del vapor, pero la fuerte lluvia y la mar, apagaban el fuego tan pronto como se encendía. El resultado fue que varó en la playa a las 8 1/4 de la mañana, quedando en muy mal estado, casi desfondado y rota la quilla, y la carga de a bordo enteramente averiada. Para peor mal estalló a bordo un incendio.
Existen también otras notas que tratan sobre este primer incendio en que participó el naciente Cuerpo de Bomberos de Valparaíso; dichos documentos son más elocuentes que cuanto se pueda decir.
El Intendente de la Provincia, Almirante Manuel Blanco Encalada en sesión Municipal del 11 de julio de 1851 que presidió, y a la que asistieron los señores Ángel Castillo, Santa María, Nicolás Gatica, Orrego, José Ramón Sánchez y Ramos Font, creyó de su deber ocuparse del siniestro ocurrido el día 8 y se expresó de la forma siguiente: "Que creía de su deber llamar la atención de la Sala sobre la Asociación formada en esta ciudad para defender el comercio i las propiedades de los incendios; que el día del temporal en que se varó el vapor Perú i en que hubo un serio amago de incendio en el buque, que mantuvo en mucha alarma a la población, hiciera su primer ensayo, i puede asegurar, según los informes que recibió i según el contento que revelaban los semblantes, después de seis horas de trabajo en el agua i a toda intemperie, cuando volvía esa juventud generosa, atrevida, entusiasta, enrolada voluntariamente en la Asociación a guardar sus bombas i elementos de trabajo; que la fortuna pública ha hecho una adquisición gigante en sus nuevos i nobles defensores; que se sentía orgulloso de estar al frente de un pueblo tan ilustrado i de conocer que si tan esforzados i desinteresados servicios se prestaban en amparo de los bienes, cuanto no podría esperarse si se tratara de la defensa del orden i de las instituciones, estos bienes inviolables para la felicidad y engrandecimiento de la Patria; i que proponía un voto de gracias al digno Superintendente, miembro también de la corporación, i a todos los individuos de la Asociación que él preside."
La Sala Municipal acordó agradecer a la Asociación por intermedio del señor Intendente. La prensa de la época señaló sobre la actuación de bomberos:
"Bomberos.- Valparaíso puede vanagloriarse de tener en su seno hombres entusiastas y capaces de poner en peligro su vida, sin otro interés que el de salvar las propiedades amenazadas, por el sólo hecho de hacer el bien. Ayer han dado prueba de ello".
A su vez el Superintendente don José Tomás Ramos Font, envía un parte referente al Incendio del vapor "Perú" al señor Intendente:

ASOCIACIÓN DE INCENDIOS DE VALPARAÍSO
Valparaíso Julio 9 de 1851.-
Ayer, a las nueve i media de la mañana, por los señores Capitán i Tesorero de la 2ª. Compañía del Cuerpo de voluntarios Bomberos, se me avisó haber principiado a incendiarse el vapor "Perú", que acababa de vararse frente a la casa de don Ángel Castillo i otras de maderas del señor Orrego. Al momento nos dirigimos a la Bolsa, se sonó la campana anunciando el incendio i se puso en marcha la 2ª Compañía con sus bombas y otros elementos que había en el almacén.
Llegada al punto del incendio, se puso en ejercicio dicha bomba por la parte del vapor que se creyó en mejor provecho. Los individuos que habían concurrido pertenecientes a la 1ª Compañía fueron dirigidos en busca de la bomba del señor Álvares, que bien poco demoró en llegar cerca del vapor, para ponerse a operar en el modo que se creyó más conveniente.
Además el agua con que las dos bombas atacaban el fuego, había dos corridas de baldes que, subidos de mano en mano por diversas escaleras, contribuían para la extinción del incendio. Seis horas consecutivas de incesante trabajo por las dos mencionadas bombas auxiliadas por las hachas i escaleras i por una parte de la Guardia i Propiedad, que se ocupaba de guardar lo que se consiguió extraer del vapor, fueron necesarias para conseguir la extinción total del incendio.
Desde llegar a él hasta retirarnos, fuimos auxiliados por la Tropa de línea i parte del Cuerpo de Policía, cumplidamente, i me hago un deber en recomendar a V.S., a nombre de la Asociación que tengo el honor de presidir, se sirva darle de nuestra parte, a unos i otros, las gracias que demasiado bien merecen.
Por parte de la Asociación, cada uno de los señores que la componen i concurrieron a trabajar en dicho incendio, puedo asegurar a V.S. que debe poner toda su confianza de que en cualquier incidente de incendio que por desgracia llegase a ocurrir en esta ciudad, no serán menores sus decisiones i esfuerzos.
El Superintendente de la Asociación de Incendios repite a V.S. las seguridades de su más alta consideración.
JOSÉ TOMAS RAMOS FONT

El Señor Intendente de la Provincia acusa el parte enviado por el señor Superintendente de Bomberos y responde lo que sigue;

República de Chile
Intendencia de Valparaíso
Valparaíso, Julio 10 de 1851.-
Con la más grata satisfacción he leído el parte detallado que con fecha de ayer me da Ud. acerca de los trabajos emprendidos el día del temporal por las Compañías de Bomberos que formaron la Asociación de Incendios, para apagar el fuego que se vio aparecer en el vapor Perú, varado en la playa frente a las casas del Señor (Ángel) Castillo.
Débese, sin duda, al infatigable empeño de los individuos que concurrieron a tan importantes trabajos i a las acertadas disposiciones con que Ud. ha sabido conducir esas operaciones, el pronto i eficaz efecto que se logró, salvando al buque del incendio que amenazaba consumirlo.
Son ciertamente muy recomendable los esfuerzos que en su primer ensayo han hecho los miembros de la Asociación que Ud. preside, i el éxito que sus generosos afanes han hecho palpar, extinguiendo el fuego del vapor Perú, hace esperar muy fundadamente que en cualquier otra circunstancia podremos lisonjearnos de obtener iguales resultados. Altamente satisfactoria ha sido la prueba con que las compañías de bomberos han acreditado la importancia de su institución i por lo mismo felicito en la persona de Ud. a todos los miembros que componen la Asociación de Incendios, por su benéfico pensamiento i por su consagración a un objeto de incalculables ventajas para este pueblo. Espero que transmitiendo Ud. estos sentimientos a los miembros de la Asociación, les asegure también mi distinguido reconocimiento a los servicios prestados en esta vez.
He transmitido, por conducto de sus respectivos jefes, las expresiones de gracias que Ud. dirige, a nombre de la Asociación, a la tropa de línea i de policía que contribuyó a guardar las propiedades e intereses el buque incendiado en los momentos críticos de aquel lance.
Tengo, con este motivo, la satisfacción de reiterar a Ud. las seguridades de mi particular consideración con que soy su atento i S.S.

MANUEL BLANCO ENCALADA

OFICINA DE LA COMPAÑÍA
DE VAPORES
---------- Valparaíso, Julio 9 de 1851.-
Señor:
La Compañía de Navegación por vapor del Pacífico, que representamos en esta ciudad, acaba de recibir de los señores que componen los cuerpos de voluntarios que Ud. manda, servicios que empeñan su gratitud.
Estamos seguros de ser órganos de sus sentimientos, pidiendo a Ud. se sirva dar en su nombre a los cuerpos de voluntarios contra incendios las más expresivas gracias por los admirables esfuerzos con que lograron extinguir el fuego a bordo del vapor Perú. Tenga Ud. a bien asegurarle también nuestro reconocimiento personal, i admitir las seguridades de consideración i estima con que nos suscribimos de Ud. sus muy atentos servidores. Q.B.S.M.

LYON, STA. MARÍA & CIA. LTDA.

Con posterioridad el vapor "Perú" fue desmantelado. Rescatada su mercadería, la poca que había quedado y la maquinaria que era lo único bueno que restaba.
El vapor "Perú" fue uno de los primeros barcos con este tipo de propulsión, junto a su gemelo el vapor "Chile", ambos construidos en Astilleros Ingleses, fueron los primeros en introducir la navegación a vapor en nuestras costas, iniciando el servicio a rueda en el Océano Pacífico.
Durante el crudo invierno de mayo de 1853, el furioso temporal llevó las olas nuevamente hasta frente a la Plaza de la Victoria, encallando donde hoy se levanta la Biblioteca Pública Nº1 Santiago Severín la barcaza “Esperanza” y el bergantín “Loncomilla”, quedando la quilla y casco de este último sobre los restos del vapor “Perú”. Valparaíso 1851 (hrm/cca)


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ELINCENDIO DE LA CALLE AMUNATEGUI SANTIAGO CENTRO





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Un testigo de La Tragedia de Amunátegui y Huérfanos. 1962.






El 15 de noviembre se recordaron los 49 años de una tragedia que enlutó a los bomberos de Santiago. Como una manera de recordar esos dramáticos momentos solicité a mi hermano Alberto que escribiera un relato de los que ocurrió esa noche. Y estas son sus palabras.

HACE 49 AÑOS CAE UN MURO EN UN INCENDIO DE CALLE AMUNATEGUI
La semana del 12 de noviembre de 1962, se inicio con una gran novedad en el viejo cuartel de la Tercera Compañía en calle Santo Domingo. Entraban en servicio los nuevos cascos de seguridad MSA de procedencia americana que el Cuerpo había adquirido en Estados Unidos.

Fueron entregados de cargo a los integrantes de la Guardia Nocturna y el resto pasó a formar parte de la dotación de la máquina. Era un importante avance tecnológico considerando que hasta esa época, el mismo casco de parada era usado igualmente en los actos de servicio, siendo de frágil construcción. Solo 72 horas más tarde tendríamos la mejor demostración de ello.

El día Miércoles 14 en la noche la compañía tuvo ejercicio en el Parque Balmaceda y estrenó sus nuevos cascos. Fueron obviamente el comentario obligado de los asistentes al acto por sus resistentes características técnicas.

La Guardia, de la que yo formaba parte, se recogió a las 0.30 como era lo habitual. Yo cursaba primer año de Derecho en la Universidad de Chile y se entraba temprano a clases. La Guardia nocturna tenía capacidad para 10 voluntarios, pero solo habíamos 8 en ese momento. Se componía de dos dormitorios: la llamada Guardia Grande con seis camas y la Chica con 4. En esta última alojaban el Jefe de Guardia Eduardo Ferri y los voluntarios Patricio Cantó, Bernardo Martínez y Carlos Arriagada.
En la otra dependencia alojaba el resto, entre ellos Jorge Capdeville, René Capdeville, Guillermo Carrasco y el suscrito, que me desempeñaba como Ayudante de Compañía.

Cerca de las tres de la madrugada, unos fuertes golpes en el portón metálico del cuartel despertaban a la Guardia. Un taxista nos venía a avisar que había fuego en las esquinas de calle Amunátegui y Huérfanos, en un edificio en construcción.
Se dio aviso a la Central Bomba vía el teléfono directo y la guardia tripuló la bomba Ford Waterous de reemplazo, ya que nuestra Mercedes Benz OM 1957 estaba en el taller en reparaciones.
Al subir el Jefe de Guardia a la cabina de la máquina, se le cayó el casco, lo que muchos posteriormente lo interpretaron con un aviso premonitorio.

En el momento en que el material salía a la calle, ya se estaban levantando las cortinas metálicas en los cuarteles vecinos de la Sexta y Cuarta Compañías, con quienes compartíamos la parte del Cuartel General que daba a calle San Domingo, las que salían igualmente al llamado de Comandancia.
La bomba bajó por calle 21 de Mayo, Catedral, doblando contra el tránsito por calle Amunátegui dado el escaso tráfico de esa hora, y en una ciudad que carecía de la masa automotriz de la actualidad.
Al llegar a la esquina de calle Compañía, ya se veía el resplandor del fuego una cuadra al sur. Ante ello la bomba armó en el grifo de cuneta ubicado por Compañía frente al edificio que ocupaba la Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile. Se bajaron los pollos y se hizo la armada de 70 hasta la puerta del incendio, por Amunátegui, donde se instaló el gemelo 70x70 y luego el manguerín y la trifulca, procediendo de inmediato a desplegar tres líneas de ataque con material de 50.

El recinto era un rectángulo, con solo una casa colindante en el lado norte. En los demás costados estaba un muro bajo que correspondía al antiguo inmueble. En el interior, materiales de construcción, fierros y varias esctructuras de madera, que eran las que ardían. Hacia el muro divisorio norte se ubicaban varios castillos de madera, de unos 4 a 5 metros de altura, a los que se había propagado el fuego.
De inmediato se dio la alarma de incendio. Con la llegada del restante material del Primer Socorro el control del fuego fue rápido, procediéndose luego a la remoción de escombros. Lo más lento fue en los castillos de madera, que había que desmontar tablón por tablón, labor que estaba a cargo de personal de las compañías Sexta y Doce. En apoyo de esta labor y para ir remojando la madera quemada, se subieron pitones a cada uno de dichos castillo. Recuerdo que en el segundo de oriente a poniente se ubicaron mis compañeros de guardia Patricio Cantó y René Capdeville, junto a personal de la Sexta. Los otros pitones se ubicaron entre los castillos para similar labor.

El humo primero y el vapor de agua después, sumado a la altura de los castillos adosados al muro norte, impedían ver que el inmueble vecino presentaba una peculiar característica, era ladrillo en la parte superior, pero adobe en la inferior, siendo la parte más débil y peligrosa pero que quedaba fuera de la visión de quienes allí trabajaban, apoyados por los focos instalados en el lado sur para dar luz al conjunto.
El incendio estaba a cargo del Comandante del Cuerpo Alfonso Casanova y el sector antes descrito estaba a cargo el Tercer Comandante, Fernando Cuevas. El Inspector de Edificios y Cuarteles, Eliseo Martínez, había hecho presente a la Comandancia sus aprehensiones por dicho muro y el Cuarto Comandante Jorge Salas, subió al techo de dicha casa a ver el comportamiento del mismo de esa estructura, señalando que se veía bien.


En un momento del trabajo de remoción, subí junto al Capitán de la Compañía, René Tromben, al castillo en que estaban Patricio Cantó y René Capdeville, e impartió sus instrucciones al persónal de cómo realizar tal actividad. Recuerdo el tema de conversación entre los voluntarios de la Sexta que estaban en la parte alta de los castillos con los cuartinos, ubicados más hacia el oriente. Era la final del Campeonato de Fútbol del Cuerpo, que se jugaría el próximo domingo 18 entre la Sexta y Séptima compañías. Ese año se había realizado el Mundial de Fútbol en nuestro país y todos aún andaban fuertemente motivados por el tema. Incluso la Undécima usaba el mismo uniforme de la Selección Italiana, que había donado un juego a sus integrantes.
Incluso cierro los ojos y aun veo a los sextinos, que cansados del arduo trabajo, se habían sentado en los maderos y los botaban con los pies, para que fueran remojados por los pitones ubicados en la parte baja, todo esto en medio de risas y conversaciones.

Descendimos por una escala de la Sexta junto al Capitán y al caminar hacia el lado sur, me indicó que la manguera que alimentaba el pitón del castillo de madera, se había enredado en una de las estacas que sujetaban los fierros de la construcción. Puse una rodilla en tierra para arreglarla y evitar se dañara cuando escuché a mis espaldas los gritos de alerta. Me di vuelta y vi que el personal saltaba desde arriba de los castillos apresuradamente. Sin pensarlo, me puse de pie ya que el instinto me decía algo grave estaba sucediendo, alcancé a dar un paso adelante y sentí simultáneamente dos sensaciones: que algo me golpeaba la espalda y que todo se ponía oscuro. Perdí la conciencia.

Desperté al parecer instantes más tarde con una terrible sensación de opresión en el pecho; me era difícil respirar. Había perdido el casco y mis anteojos, mientras todo estaba envuelto en una nube de polvo en medio de un silencio impresionante, solo turbado por el ruido de los generadores eléctricos de los focos portátiles, que alumbraban amarillo a causa del polvo.
Recuerdo que traté de moverme y me fue imposible; verifiqué si mis manos y pies estaban bien, los que respondieron normalmente. Más tarde supe había quedado atrapado por el derrumbe quedando solo mi cabeza y manos fuera de los escombros. Lo que me salvó fue que la caída del muro fue como una ola y yo quedé en la cresta de la misma. Los que no alcanzaron a saltar perecieron en el lugar. Sentí que seguían pequeños deslizamientos de guijarros a mi espalda (yo quede orientado hacia el sur), y giré lo que pude la cabeza. Fue entonces que vi una gran mancha de sangre que bajaba de la parte alta del castillo en que había estado hace poco y una figura desmadejada que colgaba del mismo. Solo entonces dimensioné la magnitud de lo sucedido y ello fue coincidente con dos hechos. El primero, que el silencio era roto por quejidos y peticiones de ayuda, y segundo, que recortados contra la luz de los focos apareció la masa del personal que se había retirado ante el derrumbe y que ahora volvía a rescatar a los caídos.

Recuerdo que varios de ellos me sacaron del lugar en brazos Estaba cubierto de barro. Mi aspecto debe haber sido lamentable ya que recuerdo a dos señoras de edad que estaban afuera (el estrepito despertó al barrio), quienes se pusieron a llorar al verme y yo pensé, estamos listos.

Fui llevado a un transporte del los en uso en la época, de carrocería cubierta con un techo de lona y una banca de madera a cada lado. Me colocaron tendido en una de ellas y en la otra iba un voluntario de la primera con una pierna al parecer fracturada. Fuimos llevados a la Clínica Industrial en calle Almirante Barroso, entidad con la cual el cuerpo tenía un convenio. El problema fue que su capacidad había sido superada por la cantidad de accidentados, cercano al medio centenar. Los había en camillas, en el suelo y repartidos a lo largo de las dependencia de la entidad Un grupo de médicos hacia un triage rápido para determinar su condición. Tengo aún el recuerdo del que me examinó y que me dijo: “solo golpes, ¡se salvo de una grande!”

Junto al voluntario Guillermo Carrasco, compañero de guardia, fuimos ubicados en una habitación doble. Recuerdo que el dolor en la espalda me impedía estar tendido. Más tarde pasó el Superintendente don Hernán Figueroa Anguita junto al Comandante Casanova, quienes querían conocer el estado de los accidentados. De labios del Superintendente supe la magnitud de la tragedia: seis muertos, incluyendo a Patricio Canto, y cerca de 50 heridos de diversa magnitud.

Cerca de las 9 de la mañana, y tras un chequeo médico, fuimos autorizados a abandonar la Clínica. Recuerdo haberme dado una larga ducha y el agua corría de color café por el barro. Vino personal de la compañía con ropa para poder vestirnos y regresamos al Cuartel horas después de haber salido tan alegres del mismo, con la adrenalina fluyendo, a un incendio más. Entre quienes llegó estaba mi hermano Antonio, en la época a punto de terminar las humanidades y que incluso ese día tenía un importante examen.
Me comentó que el Capitán y otro bombero habían ido a mi casa a avisar del accidente y que estaba bien. Mi hermano había ido a su examen al colegio y pidiendo permiso para ausentarse había llegado a verme.

Supe que cuando regresaron los tres sobrevivientes de la Guardia Chica, Ferri, Martínez y Arriagada y vieron la cama vacía de Patricio Cantó, asumieron la magnitud de lo ocurrido, que se habían abrazado y llorado como hombres la pérdida del amigo y camarada de ideal.
Luego las ceremonias, el largo funeral, las carrozas, flores y discursos con que los bomberos honran a su caídos. Y como siempre también, el gradual olvido, salvo para unos pocos.

La familia de Patricio Canto mantuvo su vinculación con la Compañía, su padre, don José se hizo voluntario para reemplazar a su hijo en sus filas y hasta su muerte, su madre la señora Hilda mantuvo un especial afecto con quienes fuimos amigos y compañeros de Guardia de Pato. De la familia solo queda su hermana Cristina, que casó años después con un tercerino.
Al terminar estos recuerdos, pienso que ya han trascurrido 49 años y el próximo será medio de siglo de su partida. Por ello los que fuimos sus amigos no podemos ni olvidarlo, como tampoco a quienes esa noche emprendieron igualmente su viaje final. A Delsahut de la Cuarta, a Cáceres y Cumming, todos ellos vecinos nuestros; a Georgi y Duato de la Doce. Una sencilla placa de mármol colocada en el edificio que hoy se alza en dicho lugar, recuerda su sacrificio, en medio de la indiferencia del ciudadano común que por allí pasa. Pero para sus compañeros es un símbolo que representa el costo más alto que se puede pagar por servir, de un compromiso voluntariamente impuesto. Descansen en paz.

Alberto Márquez Allison


http://antoniomarquezallison.blogspot.com/search?q=incendio+amunategui
 

sebafireman6

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Maipu
Muchas gracias Bluebird3 por tremendos aportes, debo decir que el del incendio de Amunategui me emocionó

Saludos
 

Termita9

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República de Santiago Centro
El día en que la Sexta estuvo a punto de sumar tres nuevos mártires....



"El Incendio del Casino Santiago - 8 de mayo de 1963

Compartía una grata conversación de lo bomberil y lo no tanto, con el más que distinguido e insigne voluntario don Jorge Guevara Trombert. Gran bombero y gran persona. Cercano a cumplir sus 50 años de servicio en esta noble Institución, ésta figura de más de un metro noventa de estatura, semblante europeo, barba canosa y muy cuidada, al mejor estilo del "Moisés" del italiano Miguel Ángel; me confiesa que, aunque le ha costado mucho, ha dejado de fumar pipa.
Gustoso de compartir y preparar ricas comidas con los jóvenes de la Guardia Nocturna, presumo, le agrada más conversar de antiguos incendios, anécdotas de la vida o, simplemente, de cómo perdió parte de su pié en un congelamiento cuando hacía su servicio militar en la Alta Montaña.
En una de esas gratas conversaciones, abusando de su siempre generosa amistad, y de la cual me siento más que honrado, le pedí me relatara algo sobre un incendio ocurrido en el centro de Santiago y en donde, según había escuchado cuando joven, él había tenido una especial participación. Guevara es muy discreto, y hasta tímido en hablar de ello. No es fácil obtener palabras de éste viejo roble Sextino.
El miércoles 8 de mayo de 1963, el Teniente Sergio Rojas registra en el libro de novedades la salida del Carro Tenderini a las calles Estado esquina de Merced. Al llegar al lugar, sin titubeos, dio la alarma inmediatamente. El fuego afectaba varios locales del Centro, entre ellos parte de la Casa Colorada y el bohemio Casino Santiago. Durante los primeros minutos, al personal se le informa que la cuidadora de Local se haya atrapada en el patio posterior del inmueble. Huyendo de las llamas, la mujer corrió al patio trasero encontrándose con el muro del edificio posterior al local siniestrado, quedando atrapada entre el fuego y dicho muro. Informado de ello, el Teniente Primero Sergio Rojas, junto a los voluntarios Enrique Artigas, Juan Nagel y Raúl Vega, presurosos suben al techo del inmueble para rescatar a la mujer que, según se observa en el acierto fotográfico de un reportero ubicado en los techos vecinos, la mujer, para evitar la alta temperatura, se cubría de tejas al fondo del patio del local. De un momento a otro, las llamas y el humo abrazaron el inmueble impidiendo el retorno de tres, de los cuatro voluntarios rescatistas, quedando atrapados junto a la mujer, Artígas, Vega y Nagel. Ya nada se podía hacer por la mujer y los voluntarios, siendo casi imposible hacer alguna maniobra de rescate. El veinteañero voluntario Jorge Guevara, en un acto de arrojo, sube por una escala para ingresar al interior del inmueble siniestrado en busca de sus compañeros. La acción, en el día de hoy, resulta calificada de irresponsable e imprudente por don Jorge, sin embargo, recalca, que lo volvería a hacer sin titubeos.
A la acción de Guevara, se suma el voluntario Williams Moore, quién a la postre, sería de suma ayuda para lograr con éxito el rescate. Guevara, fue capaz de sacar a la mujer y a sus compañeros, doblándole la mano al destino, en donde con toda certeza debió haber tres mártires más para la Sexta en aquel Incendio. Los sucesos, se registran en el libro de Guardia, algunos matutinos de la época y en la memoria de quienes participaron en aquel lejano incendio de 1963.
Analizar la vida es posible, sin embargo, comprender ciertos pasajes de ella, resulta sencillamente utópico. El carismático y alegre voluntario Enrique Artigas, años después, sufrió un accidente vascular, privándonos para siempre de su presencia. En tanto, el gran Sergio Rojas, y por razones que sencillamente no se pueden comprender, tomó la terrible decisión de acabar con su vida. Ambos voluntarios fueron capitanes de la Sexta y se recuerdan con profundo cariño.
Don Jorge guarda silencio unos minutos, observa por un instante su zapato, en donde tiene lesionado el pié y luego ríe. Saca su celular del bolsillo y revisa las llamadas pendientes. Pareciera como si esperara un llamado. Se coloca de pié y camina impaciente por el Hall del Cuartel apagando cuanta luz encuentra encendida. Curioso, observa quién se estaciona afuera del Cuartel, por Avenida Ejército y luego regresa al Hall. Se sienta, y contempla por un instante el Cuadro de Asistencias murmurando: "…Puchas…ya no salen incendios…"

Alejandro Peñaloza Solar"

http://www.sexta.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=404:el-incendio-del-casino-santiago-1963&catid=39:noticias-6&Itemid=94



 

CFlamma

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Gracias Termita9 por este relato, que no conocía.

Y permítanme, humildemente, rendirle un homenaje al gran Nene Guevara. Siendo de otra Compañía, lo conocí en mis tiempos de chupe y era todo un referente. En los incendios y créanme que en esa época hubo muchos bien prendidos, me daba una tremenda seguridad entrar junto a él y era espectacular verlo trabajar; valiente, seguro, eficiente, rápido, es de esa rara gente que se impone por presencia y actitud y veo que salvó vidas desde joven.

Simplemente y nada menos, UN BOMBERAZO.
 

bluebird3

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Chile
EL INCENDIO DEL REAL ALCAZAR (ESPAÑA)

un muchacho pasó por San Ginés y San Martín gritando. "¿Cómo no tocan a fuego?, que se quema Palacio". Y empezaron a tocar a fuego...


Nochebuena, viernes 24 de diciembre de 1734, doce de la noche, mudó (sin novedad) la guardia. A las doce y cuarto, los centinelas que estaban en el lienzo de la Priora, que cae a Poniente, avisaron que había fuego en aquel lienzo y cuarto nuevo. En Palacio todos estaban durmiendo y aunque las campanas tocaban a fuego, discurrían que eran maitines (rezos de antes del amanecer) y Misa del Gallo.
Los Religiosos de San Gil pasaron a Palacio y lo primero que hicieron fue despertar a los dormidos y sacar a las familias y a la marquesa de Fuentehermoso y, sin embargo, creo que pereció una mujer. Enviaron a llamar al cerrajero Flores, que trajo algunas llaves, con lo cual fueron a la Capilla y rompiendo la puerta del Sagrario, sacó un religioso el Copón y los seglares unos candelabros y dos blandones de plata. Llevóse el Santísimo al Cuartel de los soldados y aunque los religiosos querían liberar el Relicario que estaba debajo de la capilla, no pudieron entrar por espacio de tres horas, por falta de llaves; a las cuatro de la mañana de aplanó (se derrumbó) la capilla y suelo de ella, reservando sólo la bóveda donde estaban las alhajas viejas. Y sin dejar memoria (nada) de retablo ni capilla, excepto las paredes arruinadas... debiéndose notar que, aunque Sus Majestades han estado fuera cinco años, siempre habáin celebrado los maitines de Nochebuena por los músicos de la Capilla Real, menos ésta.
Los religiosos de San Gil y otras comunidades acudieron a sacar alhajas; y como las pinturas del Salón Grande estaban embutidas en la pared, sólo pudieron arrancar algunas que estaban bajas, pues no había escalera. El fuego consumió luego la fachada de la Priora y pasó a la torre de la fachada de Palacio, y torre que cae al parque y plazuela; y en el tercer alto de hallaba el Archivo de papeles, derechos reales de las Indias, y Bulas pontificias y de toda la Corona y demás papeles de todas las materias del Estado, cuya importancia no se puede significar (aunque en Simancas se hallarán algunos). Esta torre fue abrasada en poco tiempo, con grande asombro de todos los que vieron arrojar tanto fuego, y comunicó el incendio a la fachada principal principal de la plazuela.
Sábado, 25 de diciembre, primer día de Pascua, continuó el fuego en todo el Palacio, así por la fachada y salón dorado, sala ochavada, salón de Embajadores y sala de las Furias, como también por las espaldas, cuartos del Rey, Reina y corredores. A las cuatro y media de la tarde de dicho día era el viento de Poniente, tan recio, que servía de alimentar el fuego, pues todas sus llamas se encaminaban a buscar mayor aumento, guiando hacia el cuarto del Príncipe y su torre, que cae a la plazuela de Palacio y arco de San Gil, con el mayor vigor que se puede ponderar. Y aunque todos creyeron que fuerzas humanas no bastarían para cortar el fuego, y que pasase a la Casa del Tesoro, Biblioteca y Señoras de la Encarnación, la disposición divina aplacó el fuego, dejando libre la torre del Príncipe y aún siete balcones más. Y el fuego formó una galería en toda la plazuela de Palacio, con que aquella tarde y su noche se sustentó en sus propias ruinas. Y no cesó en todo el día la gente en su fatiga de ejecutar cortaduras; anteponiendo el temor a la muerte por el amor al Rey.
Las comunidades y en especial la de San Gil, desde el primer instante, no perdió el tiempo en conducir a su convento alhajas, cofres, espejos y plata. Y cuando el fuego lo permitía, arrojó por los balcones a la plazuela arcones de plata labrada, cofres con dinero, y aún se rompió uno lleno de doblones de Doña Laura, y todo género de preciosas alhajas, arcones de madera, puertas, ventanas y todo género o materia en que el fuego se pudiese cebar, quedando toda la plazuela llena de despojos, con sentimiento general de sus dueños, como se puede considerar, entre los cuales había gran cantidad de espejos y vidrieras de cristal de mucho valor. Y es cierto que las puertas principales de Palacio, en más de tres horas no las quisieron abrir, por el temor del saco, de que se originó el perjuicio de que el fuego impidiese la libertad de muchas alhajas, que se hubieran librado con tiempo. Por la tarde se sacaron, por la calle del Tesoro, cinco galeras de a siete mulas (que se dijo ser) de dinero de los Señores Infantes; y no fue necesario sacar el del Príncipe; las colgaduras del Rey y la Reina se salvaron todas. La noche del sábado se liberó enteramente el Guardajoyas de la Corona, la célebre Margarita y las joyas de la Reina. De las paredes de la covachuela del Estado se sacó mucha parte, el todo de la de Justicia y parte de la de Hacienda. Perdíose enteramente la de Marina, Indias y Guerra.
El domingo 26 de diciembre, segundo día de Pascua, se continuó de cortar y apagar el fuego, y en sacar pedazos de plata derretida de la Capilla, por los padres de San Gil, los que se depositaron en su convento. Por las espaldas, continuaba el fuego hacia la torre de Carlos V; y, a su proporción, el cuidado de que pudiese encaminarse a la torre del Príncipe, Biblioteca y Convento de la Encarnación. Y en este caso podía peligrar San Gil por la parte del Camarín. En este día hubo un soldado blanquillo ahogado en un pozo.
Lunes 27, tercer día de Pascua, se continuó en cortar y apagar el fuego generalmente y en derribar algunas ruinas, para evitar las desgracias que podían ocasionar en los trabajadores, y los Padres de San Gil (a quién se cometió el conocimiento de las ruinas de la Capilla) sacaron mucha plata, oro, bronce, plomo, candeleros rotos, fuentes, cálices, ángeles y adornos de sacristía.
Martes 28, día de los Inocentes, a las once, con asistencia del Mayordomo mayor, marqués de Villena y de D. Juan de Reparáz, Controlador, se ordenó sacar una reja debajo de la Capilla, por donde se sacase la ruina de dicha Capilla y Sacristía, y en donde estaba el Relicario, a fin de buscar las reliquias, custodias, metales y piedras preciosas. Y por la tarde, los trabajadores dieron principio, sacando una cabeza de madera, con su velo, sin la menor lesión, la cual era de la señora Santa Ana, que había rescatado del poder de los infieles la Reina Madre.
Miércoles 29, continuaron en sacar las ruinas de la Capilla y Relicario, con la asistencia ya dicha. a las diez delk día se sacó entero en una cajita, la preciosa reliquia del Lignum Crucis, el clavo (el cual pidieron los peones se les diese a adorar o que no trabajarían, lo que les concedió, enseñándole a todos y adorándole), y Don Urbán Ahumada, Marqués de Montealto, Corregidor de Madrid, dio un lienzo blanco, en el cual se envolvió dicho clavo, hasta que se trajo un tafetán, guardando, por reliquia, el pañuelo del Corregidor; sacóse el adorno muy mal tratado, y el de la Flor de Lis, habiendo quedado solo dos partes de la dicha flor, las perlas de color de cera. A las once tomó un capellán de honor las reliquias y, en reforma de procesión, y con hachas, se salió a la plazuela; y en el coche de Villena entró dicho Capellán, y Villena y su hijo a los caballos, partieron al sitio del Pardo a llevar a los reyes este tesoro. Por la tarde se sacó la custodia derretida, hecha pedazos, y sólo se sacó intacto el viril y el pie de dicha custodia; y, entre las ruinas, se hallaron muy crecidos diamantes brillantes, y se dispuso que la tierra que se sacara se echase en unas arcas, para poder separar tan crecido número de piedras y metales, y se llenaron cuatro cofres. Y en esta tarde hubo dos peones muy mal heridos, y fue necesario acudir a apagar el fuego, que volvía a acrecer en el interior de Palacio.
Jueves 30 de diciembre, se continuó en el derribo de paredes, que amenazaban total ruina contra los trabajadores, y en separar la tierra de la Capilla, en cuyo día se sacaron muchos huesos de santos, y con especialidad, uno de los innumerables mártires de Zaragoza, muchos diamantes y metales y pedazos de pórfido del retablo; habiendo quedado en pie, en la tarde, dos columnas grandes de pórfido y la estrella de lapizlázuli hecha ceniza.
Viernes, 31 de diciembre, se continuó el derribo, en el cual se sacó mucha plata y diamantes, y sólo hubo un herido de muerte. Será razón que habiendo dado fin este desgraciado e infelíz año, le demos a la relación con decir: que de Palacio sólo quedó la pared de la fachada de la plazuela y la torre del Príncipe; la de Carlos V, que padeció poco, y las bóvedas; todo lo demás es necesario derribarlo y si se volviese a hacer de nueva planta, aún lo será derribar y macizar dichas bóvedas, en lo cual se gastará un tesoro. La Capilla Real se ha mandado poner en el Cuarto del Príncipe,para hacer allí los oficios y funciones della.
Para manifestar la grandeza de este Palacio diremos haber sido centro de los Reyes de España y que en el espacio de muchos años todo ha sido aumentarle, consumiendo las riquezas de las Indias; al adquirir un tesoro de pinturas originales de los primeros hombres que por asombro ha tenido el mundo, como Rubens, Ticiano, Apeles, El Españoleto y muchos otros. La riqueza de piedras preciosas de Asia y América, Inglaterra, con sus primores, Roma con sus reliquias singulares; China, con su loza tan celebrada como quebradiza vajilla, y un conjunto tan singular compuesto de tantos siglos, convertido en veinticuatro horas en cenizas, dejando memoria a los siglos venideros. El motivo de esta quema se ignora, y los más convienen que en el cuarto de Juan Ranc, pintor, los mozos se emborracharon y que encendieron lumbre en la chimenea, por donde se originó este incendio; y otros lo dificultan a causa de que era menester para esta quema mucho más tiempo. Los maestros de obras se maravillan de que el fuego pasase en tan poco tiempo a la Capilla y cuatos del Rey y la Reina.

http://www.museoimaginado.com/NUEVO%20ALCAZAR/incendioalc%E1zar.htm


El incendio de 1734


.
En la Nochebuena de 1734, con la Corte desplazada al Palacio de El Pardo, se declaró un pavoroso incendio en el Real Alcázar de Madrid. El fuego, que pudo tener su origen en un aposento del pintor de Corte Jean Ranc, se propagó rápidamente, sin que pudiera ser controlado en ningún momento.3 Se extendió a lo largo de cuatro días y fue de tal intensidad, que algunos objetos de plata quedaron fundidos por el calor y los restos de metal (junto con piedras preciosas) tuvieron que recogerse en cubos.
Según el relato de Félix de Salabert, marqués de Torrecillas, realizado días después de producirse el suceso, la primera voz de aviso se dio aproximadamente hacia las 00:15, por parte de unos centinelas que hacían su guardia. El carácter festivo de la jornada impidió que la alerta saltase de inmediato a la calle e, incluso, el toque a fuego de los campanarios fue inicialmente desatendido, ya que la gente «discurría que eran maitines» (rezos de antes del amanecer), en palabras del citado autor. Los primeros en colaborar, tanto en la extinción del fuego como en el rescate de personas y objetos, fueron los frailes de la congregación de San Gil.
Por temor a saqueos, la reacción inicial fue no abrir las puertas del Alcázar, lo que restó tiempo para el desalojo cuando éste era ya forzoso. Se hizo un ímprobo esfuerzo en la recuperación de los objetos religiosos que se custodiaban en la Capilla Real, además de dinero en efectivo y joyas de la Familia Real, como la Perla Peregrina y el diamante El Estanque. Algún cofre con monedas hubo de arrojarse por una ventana.
La recuperación de los numerosos cuadros del Alcázar se dejó en un segundo plano, ante las dificultades que implicaba por su tamaño y ubicación a varias alturas y en múltiples salas. Algunos de dichos cuadros estaban encastrados en las paredes. De ahí que se perdiera un buen número de las pinturas que se guardaban en el edificio en aquel momento (La expulsión de los moriscos de Velázquez), y otras (como Las Meninas) se salvaron desclavadas de los marcos y arrojadas por las ventanas. No obstante, una parte de las colecciones pictóricas había sido trasladada previamente al Palacio del Buen Retiro, para preservarla de las obras de reforma que estaban teniendo lugar en el interior del Real Alcázar, lo que las salvó de una probable destrucción.
Extinguido el incendio, el edificio quedó reducido a escombros. Los muros que quedaron en pie tuvieron que ser demolidos, dado su estado de deterioro. Cuatro años después de su desaparición, en 1738, Felipe V ordenó la construcción del actual Palacio Real de Madrid, cuyas obras se extendieron a lo largo de tres decenios. El nuevo edificio fue habitado por primera vez por Carlos III en el año 1764.

http://es.wikipedia.org/wiki/Real_Alcázar_de_Madrid#El_incendio_de_1734
 

bluebird3

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Gran Incendio de Londres

El Gran Incendio de Londres fue un gran incendio que arrasó la ciudad de Londres, Inglaterra desde el domingo 2 de septiembre hasta el martes 4 de septiembre de 1666. El fuego destruyó la ciudad medieval de Londres dentro de la vieja muralla romana de la ciudad. Amenazó, pero no llegó, al distrito aristocrático de Westminster, el Palacio de Whitehall de Carlos II, y la mayoría de los asentamientos suburbanos.1
Fue una de las mayores calamidades de la historia de Londres. Destruyó 13.200 casas, 87 iglesias parroquiales, 44 salones de la Livery Company, la Royal Exchange, la casa de aduanas, la Catedral de San Pablo, el ayuntamiento de Londres, el palacio correccional y otras prisiones de la ciudad, cuatro puentes sobre los ríos Támesis y Fleet, y tres puertas de la ciudad. Dejó a unas 80.000 personas sin hogar, un sexto de los habitantes de la ciudad en ese momento. La cifra de muertes por el incendio es desconocida, y se pensaba que había sido bastante pequeña porque solo algunas muertes fueron registradas. Este razonamiento ha sido desafiado recientemente considerando que las muertes de pobres y de personas de clase media no fueron registradas, y que el calor pudo haber incinerado a muchas víctimas sin dejar restos reconocibles.
El fuego se desató en la mañana del domingo 2 de septiembre de 1666. Comenzó en Pudding Lane en la casa de Thomas Farynor (o Farriner), un panadero del rey Carlos II de Inglaterra y se extendió rápidamente. El uso de la principal técnica contra incendios de la época, la creación de cortafuegos por medio de demoliciones, era críticamente retrasado debido a indecisiones del alcalde de Londres, Sir Thomas Bloodworth. Para cuando fueron ordenadas las demoliciones a gran escala en la noche del domingo, el viento ya había convertido el fuego de la panadería en una tormenta ígnea que venció tales medidas. El lunes el fuego fue empujado al norte, en el corazón de la ciudad. El orden en las calles se rompió por los rumores de que extranjeros iniciaron los incendios. Las sospechas se centraron en los franceses y holandeses, los enemigos de Inglaterra de la Segunda Guerra Anglo-Holandesa en curso. Estos grupos de inmigrantes fueron víctimas de linchamientos y violencia callejera. El martes, el fuego se extendió por la mayor parte de la ciudad, destruyendo la catedral de san Pablo y pasando el río Fleet para amenazar a la corte de Carlos II en el Whitehall, mientras los esfuerzos coordinados en la lucha contra el fuego se movilizaban simultáneamente. La batalla para apagar el incendio se considera haber sido ganada por dos factores: los fuertes vientos del este se acabaron, y la guarnición de la Torre de Londres uso pólvora para crear cortafuegos efectivos para detener la extensión adicional del fuego hacia el este.
Los problemas sociales y económicos originados por el desastre fueron abrumadores. A pesar de numerosas propuestas radicales, Londres fue reconstruida esencialmente con el mismo plano de calles utilizado antes del incendio.2
Desarrollo del incendio
Las experiencias personales de muchos londinenses durante el incendio se pueden observar en cartas y memorias. Los dos diaristas más famosos de la restauración, John Evelyn (1620–1706) y Samuel Pepys (1633–1703), registraron los acontecimientos y sus propias reacciones día a día, e hicieron grandes esfuerzos para mantenerse informados sobre lo que sucedía por toda la ciudad y más allá. Por ejemplo, ambos viajaron el miércoles al área del parque de Moorfields al norte de la ciudad, para ver ahí el gran campamento de los angustiados refugiados, que les causó conmoción. Sus diarios son las fuentes más importantes para todas las narraciones modernas del desastre. Los libros más recientes del incendio, de Hanson (2001) y Tinniswood (2003), también confían en las breves memorias de William Taswell (1651–1682), quien era un colegial de 14 años en 1666.
Después de dos veranos lluviosos en 1664 y 1665, Londres estaba bajo una excepcional sequía desde 1665, y los edificios de madera estaban resecos después del largo y caluroso verano de 1666. El fuego de la panadería en Pudding Lane se extendió al comienzo hacia el oeste, aventado por un vendaval del este
Domingo

El incendio estalló en la panadería de Thomas Farriner en Pudding Lane poco después de la medianoche el domingo 2 de septiembre. La familia estaba atrapada arriba, pero logró escapar por una ventana a la casa de al lado, excepto una sirvienta que estaba muy asustada para intentarlo, y fue la primera víctima.4 Los vecinos trataron de ayudar a apagar el fuego; luego de una hora llegaron los guardias de la parroquia y consideraron que lo mejor era demoler las casas colindantes para prevenir que el fuego se propagara más. Los ocupantes de las casas se opusieron, y el lord mayor Sir Thomas Bloodworth, el único con autoridad para anular la decisión de los ocupantes, fue convocado. Cuando Bloodworth llegó, las llamas estaban consumiendo las casas colindantes y se arrastraban hacia los almacenes de papel y los depósitos inflamables en la orilla del río. Los bomberos más experimentados clamaban por la demolición, pero Bloodworth se negó, con el argumento de que la mayoría de las premisas eran alquiladas y los dueños no podían ser encontrados. Se piensa generalmente que Bloodworth fue designado al puesto de lord mayor por ser hombre de sí, más que por tener las capacidades necesarias para ese trabajo; él entró en pánico cuando se encontró de frente con una emergencia repentina.5 Presionado, hizo el comentario citado a menudo "¡Pish! Una mujer podría orinar encima", y se retiró. Después de que la ciudad hubiera sido destruida, Samuel Pepys, mirando hacia atrás en los acontecimientos, escribió en su diario el 7 de septiembre de 1666: "Gente de todo el mundo grita por la ingenuidad (la estupidez) de mi lord mayor en general; y más particularmente en este asunto del incendio, echándole toda la culpa a él".
Alrededor de las 7 de la mañana del domingo, Pepys, que era un funcionario importante de la oficina de la armada, subió a la torre de Londres para obtener una vista aérea del incendio, y registró en su diario que el vendaval del este lo había convertido en una conflagración. Se habían quemado varias iglesias y, él estimaba, 300 casas, alcanzó la orilla del río. Las casas en el puente de Londres se estaban quemando. Tomando un barco para examinar la destrucción alrededor del Pudding Lane de cerca, Pepys describió un incendio "lamentable", "todos estaban intentando sacar sus bienes, y arrojándolos al río o trayéndolos a las gabarras; la gente pobre se quedaba en sus casas hasta que el incendio los tocó, y entonces corrieron a los barcos, o trepaban por un par de escaleras de un lado del río al otro". Pepys continuó hacia el oeste por el río a la corte de Whitehall, "donde la gente venía sobre mí, y le daba el relato consternándolos a todos, y el mensaje fue enviado al rey. Entonces fui llamado, y le conté al rey y al duque de York lo que vi, y que a menos que su majestad ordenara que las casas se tirasen abajo nada podría detener el incendio. Ellos parecían muy preocupados, y el rey me ordenó que fuese a donde mi lord mayor de parte suya, y ordenarle a no perdonar casas, sino tirarlas abajo antes del incendio de cualquier forma". El hermano de Carlos, Jacobo, duque de York, ofreció la ayuda de los guardias reales para combatir el incendio.6
Una milla al oeste de Pudding Lane, por las escaleras de Westminster, el joven William Taswell, un colegial que estaba saliendo del servicio de mañana en la Abadía de Westminster, vio llegar a algunos refugiados en gabarras ligeras, sin ropas y cubiertos solamente con mantas.7 Los servicios de los transportistas repentinamente habían llegado a ser extremadamente costosos, y solamente los refugiados más afortunados aseguraban un lugar en el barco.
El fuego se expandió rápidamente en el fuerte viento. Para la media mañana del domingo, las personas abandonaron los intentos de apagar el incendio y huyeron; la masa humana móvil y sus paquetes y carros volvieron los carriles intransitables para los bomberos y carruajes. Pepys tomó un carruaje para volver a la ciudad desde el Whitehall, pero solamente llegó hasta la Catedral de St. Paul antes de tener que salir y caminar. Carretillas con bienes y peatones todavía estaban en movimiento, alejándose del fuego, pesadamente sobrecargados. Las iglesias de las parroquias no amenazadas directamente se llenaban de muebles y objetos de valor, que pronto tendrían que ser movidos más lejos. Pepys encontró al alcalde Bloodworth tratando de coordinar los esfuerzos para combatir el incendio y cerca del colapso, "como una mujer desmayándose", gritando afligidamente en respuesta al mensaje del rey que él estaba echando abajo casas. "Pero el fuego nos alcanza más rápido de lo que podemos hacerlo". Aferrándose a su dignidad cívica, rechazó la oferta de soldados de Jacobo y después se fue a su casa a dormir.8 Carlos navegó desde el Whitehall en la barcaza real para inspeccionar la escena. Encontró que las casas todavía no eran derrumbadas a pesar de lo que aseguró Bloodworth a Pepys, y eliminó la autoridad de Bloodworth para ordenar demoliciones a gran escala en la zona oeste del incendio.9 El retraso hizo inútiles en gran parte esas medidas, y el incendio ya estaba fuera de control.
Por la tarde del domingo, 18 horas después de que fue dada la alarma en Pudding Lane, el fuego se volvió una furiosa tormenta ígnea que creó su propio clima. Una tremenda ráfaga de aire caliente sobre las llamas conducida por el efecto chimenea en donde las construcciones limitaban la corriente de aire y dejaban un vacío al nivel del suelo. Los fuertes vientos internos resultantes no tendían a apagar el fuego, como probablemente se pensaba;10 en lugar de eso, añadieron oxígeno fresco a las llamas, y la turbulencia creada por las llamas hizo que el viento se desviara irregularmente hacia el norte y el sur de la dirección principal (este) del vendaval que aún soplaba.
Por la tarde temprana, con su esposa y algunos amigos, Pepys fue otra vez al río. Pidieron al conductor del barco que fuera "lo más cerca del incendio que podamos ir por el humo; y por todo el Támesis, con una cara en el viento, casi te quemabas con una ducha de gotas de fuego". Cuando las "gotas de fuego" se volvieron insoportables, el grupo fue a un bar en el banco del sur y se quedó allí hasta que vino la oscuridad y pudieron ver el fuego en el puente de Londres y al otro lado del río, "como sólo un arco entero de fuego desde este al otro lado del puente, y en un lazo sobre la colina para un arco de más de una milla de largo, me hizo llorar verlo".

Lunes

Daño aproximado para la tarde del lunes, 3 de setiembre.
Al amanecer del lunes 3 de septiembre, el incendio se expandía principalmente al norte y al oeste, la turbulencia de la tormenta ígnea empujó las llamas más al norte y más al sur del día anterior. El empuje hacia el sur fue principalmente parado por el río mismo, pero quemó las casas en el puente de Londres, y amenazaba con cruzar el puente y poner en peligro la ciudad de Southwark al sur del banco del río. Southwark fue salvado por un cortafuegos pre-existente en el puente, un gran hueco entre los edificios que salvó el lado sur del Támesis en el incendio de 1632 y ahora lo hizo de nuevo.11 El empuje correspondiente hacia el norte condujo las llamas al corazón de la ciudad. Varios observadores enfatizan la desesperación y el desamparo que se veía en los londinenses en este segundo día, y la falta de esfuerzos para salvar los distritos ricos que ya estaban siendo amenazados por las llamas, tales como la Royal Exchange (bolsa de valores y centro comercial) y las opulentas tiendas de bienes de consumo en Cheapside. La Royal Exchange se incendió al final de la tarde, y era un esqueleto humeante después de unas pocas horas. John Evelyn, cortesano y diarista, escribió:
La conflagración era tan universal, y las personas tan estupefactas, desde el inicio, yo no sé si por abatimiento o por destino, ellos apenas se movieron para apagarlo, de modo que no había nada para escuchar o ver sino gritos y lamentaciones, corriendo alrededor como criaturas distraídas sin ningún intento incluso de salvar sus bienes, como si una rara consternación estuviera encima de ellos.12
John Evelyn
Sucesos


London Gazette, primera página desde el 3 al 10 de septiembre de 1666, informando acerca del Gran Incendio de Londres. (Haga clic en la imagen para agrandar y leer).
Es probable que el fuego haya comenzado porque Farynor olvidó apagar su horno antes de irse a descansar y poco tiempo después de la medianoche, rescoldos aún llameantes en el horno hubiesen encendido la leña que estaba cerca. Farynor y su familia lograron escapar del edificio en llamas, escalando por una ventana superior. La criada del panadero no pudo escapar y se convirtió en la primera víctima del incendio.
Una hora después de haber comenzado, el alcalde de Londres, Sir Thomas Bloodworth, fue despertado con la noticia, pero no le dio mucha importancia. La mayoría de los edificios en Londres en ese momento estaban construidos de materiales altamente combustibles como madera y paja, y las llamas que emanaban de la panadería cayeron en las construcciones adyacentes. Esparcidas por un fuerte viento del este, una vez que el fuego caló se propagó rápidamente. La propagación del fuego se vio ayudada por el hecho de que los edificios estaban construidos muy cerca, con apenas un estrecho callejón entre ellos.
El progreso del incendio se pudo haber detenido si no hubiera sido por la conducta del alcalde, quien se rehusó a ordenar el derribamiento de algunas casas, "sin el consentimiento de sus dueños". Los cubos de agua no servían debido al estado limitado de las calles.
Destrucción
El fuego consumió la asombrosa cifra de 13.200 casas y 87 iglesias, entre ellas, la muy querida Catedral de San Pablo, que en ese tiempo era la Iglesia de St. Paul. Aunque sólo 9–16 personas fueron reportadas como muertas en el incendio, el autor Neil Hanson (The Dreadful Judgement) cree que la verdadera cifra asciende a cientos. Hanson cree que la mayoría de las víctimas fatales eran personas pobres cuyos cuerpos fueron incinerados por el intenso calor del fuego, y por ende sus restos nunca fueron hallados. Sin embargo, estas afirmaciones son controvertidas.
Se cree que la furia destructiva de este desastre accidental nunca se ha superado en el mundo. Dentro de las murallas, consumió casi cinco sextos de la ciudad; y fuera de las murallas, despejó un espacio casi tan amplio como una sexta parte que quedó sin quemar dentro. Apenas un sólo edificio que estaba dentro del área de las llamas quedó de pie.
En el resumen del informe de esta gran devastación, ofrecido en una de las inscripciones en el Monumento al Gran Incendio de Londres, y que fue preparado de los reportes de los evaluados nombrados después del incendio, se afirma que:
Las ruinas de la ciudad fueron 436 acres (1,8 km²), a saber 333 acres (1,3 km²) dentro de las murallas, y 63 acres (255.000 m²) en los albedríos de la ciudad; que, de los 26 barrios, finalmente quedaron destruidos 15, y otros 8 quedaron destrozados y medio quemados ; y que consumió 400 calles, 13.200 viviendas, 89 iglesias [además de capillas]; 4 de las puertas de la ciudad, el ayuntamiento, muchas estructuras públicas, hospitales, escuelas, bibliotecas y un amplio número de edificios majestuosos.
El valor de la propiedad destruida en el incendio se ha estimado en más de 10 millones de libras esterlinas. Así como los edificios, esto incluyó tesoros irremplazables como pinturas y libros. A pesar de la inmediata destrucción causada por el incendio, no obstante se afirma que sus efectos remotos han beneficiado a las generaciones subsiguientes: por ejemplo, terminó con la epidemia de la Gran Plaga de Londres que en gran medida declinó en 1666, y que cobró la vida de 68.590 personas el año anterior. También condujo a la construcción de algunos nuevos edificios notables como la nueva Catedral de St. Paul.


http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Incendio_de_Londres#Desarrollo_del_incendio
 

bluebird3

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1 Diciembre 2010
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INCENDIO DE LA FABRICA DE CAMISAS

100 años del incendio en Triangle Shirtwaist Company


La Triangle Shirtwaist Factory ocupaba tres plantas de un céntrico edificio neoyorquino. La fábrica era propiedad de dos empresarios, Max Blanck e Isaac Harris, que empleaban por lo general a jóvenes muchachas inmigrantes (y normalmente judías) para la producción de blusas y camisas. La fábrica tenía un personal de unas 500 personas que trabajaban nueve horas diarias más siete horas los sábados.
El 25 de marzo de 1911, a punto de acabar la jornada laboral, se desató un incendio en la cesta de retales bajo una de las máquinas de la fábrica. En aquel momento se encontraban presentes, además de las trabajadoras, los dueños de la fábrica con su respectiva mujer e hijos, que estaban visitando el lugar. El origen del incendio fue probablemente una colilla mal apagada, pues aunque fumar estaba prohibido en la fábrica, muchas personas fumaban a escondidas. Rápidamente los trabajadores de la octava planta avisaron por teléfono (un invento relativamente nuevo) a los de la décima, pero cuando la noticia llegó a la novena, el fuego ya se había propagado. Una puerta cerrada y una escalera presa de las llamas impedían salir por dos de las salidas a Green Street y Washington Square.


Mientras, muchas de las trabajadoras decidieron subir a la azotea, y algunas lograron bajar en el abarrotado ascensor mientras éste siguió funcionando. En cuestión de segundos docenas de personas abarrotaron la escalera de hierro del exterior, previsiblemente construida para situaciones de emergencia, pero las altas temperaturas y el peso acabaron haciéndola ceder, y varias personas cayeron varios metros hasta impactar con el suelo. Se sabe que los dos operadores de sendos ascensores del edificio subieron al menos tres veces para rescatar a las muchachas de los pisos superiores, pero finalmente el fuego y el calor impidieron continuar utilizándolos, y muchas de las víctimas acabaron tirándose por el hueco del ascensor, intentando escapar de las llamas.

Desde la calle la escena era dantesca; de forma similiar a lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001, 62 personas prefirieron saltar por la ventana a morir calcinadas en el edificio en llamas. Un testigo comentaría, años después, la terrible sensación al presenciar cómo chica tras chica se iba asomando a una de las ventanas en llamas, parándose un instante, y saltando al vacío; en algunos casos, algunas chicas tardaban tanto en saltar que una llamarada les acabó prendiendo fuego al vestido, y saltaban convertidas en bolas de fuego. Abajo, desde la calle, la impotente muchedumbre presenciaba histérica el funesto espectáculo de las alturas. La llegada de los bomberos hizo poco por aliviar la situación, pues ninguna escalera sobrepasaba el 6º piso. Aquellas personas que no hubiesen saltado por las ventanas acabaron sucumbiendo al humo y a las llamas.
Los dueños de las fábricas lograron sobrevivir escapando por la azotea a un edificio contiguo. Durante el juicio celebrado posteriormente Blanck y Harris tuvieron que pagar 75 dólares a la familia de cada víctima, pero la póliza de seguros que tenían les acabó dando 60.000 dólares. En 1913 Blanck de nuevo fue imputado por haber cerrado con llave la salida de emergencia de otra fábrica; pagó 20 dólares de multa.
El triste suceso sirvió para que la sociedad comprendiese mejor la precaria situación de las mujeres trabajadoras. Y seguramente para mucho más, pues su sacrificio no fue completamente en vano, sirvió para que las mujeres adquiriesen algunos derechos.

"Vi ese montón de cadáveres y recordé que esas muchachas confeccionaban blusas y que en su huelga del año anterior reclamaron condiciones de trabajo más higiénicas y mayores medidas de seguridad en los talleres. Esos cadáveres dieron la respuesta".
Bill Shepherd, corresponsal



"Si hablara en tónica de paz, traicionaría a esos pobres cadáveres calcinados. Hemos exhortado al público y no ha respondido. La antigua Inquisición tuvo su potro de tormento, empulgueras y instrumentos de tortura con dientes de hierro. Sabemos lo que son estas cosas hoy: los dientes de hierro son nuestras necesidades; las empulgueras, la veloz maquinaria de alta potencia con la cual tenemos que trabajar de cerca; y el potro de tormento son las estructuras `a prueba de incendios' que nos destrozarán en cuanto se prenda el fuego".
Rose Schneiderman, líder obrera en el mitin/entierro

http://www.taringa.net/posts/femme/11643214/100-anos-del-incendio-en-Triangle-Shirtwaist-Company.html



Homenaje a Kate
Rosina Cazali

Kate Leone se hizo las dos trenzas de siempre, recogió los platos, se echó el chal sobre los hombros y en el instante cuando se disponía a cruzar la puerta un estremecimiento la detuvo por unos instantes.

A sus 14 años creyó tener una tímida premonición, durante toda la semana algo le hizo pensar que aquella primavera iba a ser distinta.

Rodeada de la humanidad pobre y silenciosa de siempre camina por su barrio. Kate lleva ese dolor en la cintura acumulado durante días eternos frente a una mesa de planchado industrial. Eso sí, está atrasada un par de segundos y sus piernas flacas no le permiten avanzar. Da la vuelta por la última esquina y el silbato de la fábrica comienza a soltar su último aullido. Corre, grita que le esperen y solo su delgadez le ayuda a colarse a través de la última rendija de la puerta, donde un fragmento de su falda queda atrapada, como advirtiéndole.

Adentro las 240 mujeres de siempre se preparan para desatar bultos, camisas, mangas y cuellos sin almidonar. Kate se dispone a juntar botones con ojales, a pasar horas con su cuerpo rígido sentada en una silla sin respaldo.

Triangle Shirtwaist es el nombre de la fábrica que se apiadó de su edad y le dio trabajo. Se encuentra en un edificio de diez pisos en el barrio de Manhattan y es inmundo. El frío del invierno se cuela por todos lados, en el verano el calor es insoportable.

Generalmente la muchacha se deja llevar por el sopor de la larga jornada pero ese día piensa que hace tiempo no le sucede algo que importe de verdad. Es un día del mes de marzo de 1911.

A las cuatro de la tarde comienza un incendio que arrasa con los textiles, las máquinas y la vida de 146 costureras. Por razones de seguridad, por las huelgas de las trabajadoras días antes, los administradores de la fábrica habían decidido bloquear las salidas.

Algunas murieron calcinadas, otras saltaron desde lo alto del edificio.

Aquel desastre industrial sin precedentes provocó importantes cambios legislativos en las normas de seguridad y salud y fue el detonante para la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Kate no regresó a casa, su nombre aparece en la lista de víctimas colgada en internet. Y este texto la recuerda porque en algo cambió nuestras vidas.


http://www.elperiodico.com.gt/es/20120307/lacolumna/209094/
 

Milobombero

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4 Junio 2008
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El incendio del Triangle fue un hito en la historia de los bomberos, es mas , fue por ese incendio que la NFPA sacó "el codigo de seguridad humana".

Incluso su revista saco una edicion especial para los 100 años.